Aún no trascendieron las declaraciones de Facundo Campazzo, el extraordinario jugador de la Selección argentina de básquetbol que ya tiene la medalla dorada lograda en Perú. Después de la victoria ante Puerto Rico en la final, cuando el lunes comenzaba y los medios no registran demasiado, largó unas declaraciones no tan medidas ni exquisitas para el paladar resultadista: “hay que agradecer a Sergio (por el DT Hernández) que nos deja jugar con alegría, que nos pide que juguemos como jugamos en los clubes. Cuando estoy con una sonrisa en la cancha es cuando las cosas mejor salen”.

La frase no era más que el reflejo de las últimas indicaciones que se escucharon durante la transmisión cuando Hernández alentó a sus jugadores en el minuto y medio final a que lograsen la victoria jugando y divirtiendo.

Para los aplastadores de ilusiones que pretenden que el triunfo se conquiste de cualquier forma, aún por las vías del maltrato al rival, los mismos que dramatizan las derrotas como cuestión de vida y muerte, la lección del equipo de básquetbol argentino refuerza la idea de que las chances de vencer dignamente se multiplican cuando se trata de jugar en forma brillante.

Aún el fútbol tiene mucho que aprender de los otros deportes. Y el periodismo también. Los discursos de la mayoría de comentaristas y cronistas deportivos siguen el rumbo de la condena a los derrotados y los abrazos oportunistas al vencedor.  

Sin embargo, dos hechos de este fin de semana quizás indiquen que las transformaciones que necesitamos (y que tienen mucho que ver con el discurso meritocrático que se intenta imponer en la sociedad) vienen asomando.

En River, las declaraciones de Marcelo Gallardo luego de la victoria ante Lanús, reafirmando así su gesto del segundo tiempo, cuando pidió a las tribunas que cesaran con las agresiones y el hostigamiento al arquero Rossi ( a quien muchos hinchas agredían por su relación con Boca), representan acciones de bien. De las mil acciones de bien que les faltan a nuestros protagonistas, y de las que muchos hinchas deben aprender.

En Banfield, la decisión de sus dirigentes de desalambrar una de las tribunas (la Mouriño, para socios) y enviar una señal de confianza hacia los hinchas, es un paso concreto en la reeducación del hincha de fútbol argentino. Reclamamos desde hace tiempo campañas educativas hacia los hinchas. Que deben concretarse de las más variadas maneras y en los más variados lugares. Se necesita concientizar a  un “nuevo hincha argentino”, despojado de violencia y despojado de intolerancia hacia sus propios jugadores y muchos más hacia hinchas y jugadores rivales. Sabemos que llevará años. Pero el domingo se dio un primer paso para el destierro de las barras bravas. De estas actitudes educativas, la de Banfield puede ser considerada primer peldaño a subir. Y que no se tome lo sucedido como una victoria, Banfield mantiene tres alambrados. Y aún resta verse que ocurrirá en próximos partidos. Por eso, aún en la tribuna ahora desalambrada, no hay que aflojar y allí se les debe repetir a los hinchas que al deporte se llega para disfrutar, aún en las derrotas y para abrazarse con los rivales.

Y ojalá los periodistas aprendamos un poco también. Que muchas veces las enseñanzas mayúsculas vienen de adentro. Del saber popular.