Con la Argentina vencedora o perdedora, el artículo tiene sentido. O uno cree que lo tiene. Todos somos hinchas de la Selección Nacional es un slogan oportunista que las marcas comerciales esgrimen cada dos o cuatro años en extensas campañas televisivas, por la redes o en los afiches acosadores que sólo buscan…nuestro dinero.

Pero no es cierto que todos seamos hinchas de la Selección. Para empezar hay unos cuantos millones de argentinas/os a quienes la Selección de fútbol les importa un pepino. Puede verse en los horarios de trascendentes partidos como el del martes a la noche; y se aprecia con sólo fotografiar o filmar calles y actividades de ciudades que se mueven, pese a todo. Pese a la Selección, pese a Messi.

Admitamos, eso sí, que no son la mayoría.

A los otros millones, muchos más que los primeros, la Selección les da tema de conversación, mañana, tarde y noche. Nos apasionamos.

En definitiva, somos un pueblo que pretende algo de la Selección. Siempre se pretende algo.

La grieta, brecha, división, o lo que corno  usted quiera llamar también nos atraviesa en el fútbol. Y, como la otra grieta, está bien que así sea. Para neutrales están los suizos, quienes además, con ese verso de ser los más neutrales del planeta, se convirtieron en indiferentes antes los grandes genocidios. La neutralidad, a veces, es la careta blanca de una bomba sobre Hiroshima.

Hoy hemos regresado a la eterna discusión (y división) entre menottistas y los otros. El tema lo sacó Ruggeri, quejándose de la ausencia de Menotti en Brasil. Pero el fondo de la cuestión es otro, y no hay que esconderlo bajo la alfombra. Ruggeri y los periodistas que salieron a apoyarlo no son otra cosa que el lado de la grieta que pretende que se gane a cualquier precio. Una aclaración para Menotti: Ruggeri no es periodista, ni la juega de periodista, ni siquiera sabe de qué se trata la comunicacióny el periodismo.

Frente a ellos, los que opinamos que por sobre todas las cosas se encuentra el método, la forma, el estilo. Que a las victorias se llega de una manera, y no de otra. Que jugar es un placer, y que generalmente ese placer traerá sonrisas de triunfos, y si no vienen, mala suerte, se hizo todo lo posible. En esta última corriente, a la cual alguna vez se bautizó menottismo, la palabra dignidad le cae bien.

En definitiva, lo mismo que en la vida, que en la política, que en la amistad, que en la solidaridad del trabajo.

Por eso hay quienes pretenden una cosa de la Selección y quienes pretendemos otra. 

Cada uno caminará por el mundo hasta el final de sus vidas levantando sus banderas y cada uno morirá llevándoselas al cajón. El mundo y el fútbol siempre fueron así.

Sepa cada uno defender lo suyo.

Y que gane el mejor…mañana también.