Si algún observador del deporte argentino o del periodismo argentino se hubiese dado una vuelta por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza el pasado viernes habría llegado a esta conclusión: “aquí no importan los resultados, aquí sí que se aprecia el deporte por el sólo hecho de competir”.

La selección argentina femenina de fútbol, eliminada del campeonato Mundial, aquel viernes gozó de una recepción digna de un pueblo…que aún no somos.

Por eso, aunque el distraído e imaginario observador haya tomado esa primera visión, no estamos dispuestos a olvidar este día de junio.

Quizás porque sea el primero de un largo camino de días hacia la otra revolución, la que termine con el individualismo del triunfo y el exitismo.

A pesar de la pobreza y el destrato de la dirigencia de AFA, a pesar de la ignorancia de la prensa machista, a  pesar de la violencia de todo tipo sufrida por años, el resultado en el Mundial, a la mayoría no le importó.

Son sin dudas lo mejor del deporte 2019 hasta el momento, y a quién le importa si no pasaron la primera ronda.

Del otro lado están rebuznando quienes exigen y exigen triunfos sin sentido. Por supuesto, son los que no saben nada ni de la vida ni de la dignidad de la pelea diaria.

Coincide además que ellos han sido además la expresión de la desigualdad económica que la mayoría de estos gobiernos que hoy acogotan a Latinoamérica quieren para toda la población.

El contrapunto los envenena. Ahí la tienen a la brasileña Marta Vieira da Silva, seis veces elegida la mejor futbolista del mundo, y una de las luchadoras por la igualdad en el fútbol. Todos recordaremos este Mundial como aquel en que su protesta sui generis se asemejó al puño el alto de los atletas estadounidenses negros en México 68. Marta renunció a lucir una marca multinacional en sus botines para pedir igualdad real a través de la campaña Go equal”. Lo hizo poniendo el índice hacia la parte exterior de su botín derecho cuando celebraba su gol ante Australia. Apuntaba al símbolo rosa y azul de una campaña que se sintetiza en estas, sus palabras: “Necesitamos apoyo. Pero más que apoyo, necesitamos respeto. Y dar valor es la mejor forma de mostrar respeto a alguien. En el deporte. En la vida. Por eso la equidad es algo por lo que todas y todos todavía debemos luchar. Y la hora de actuar es ahora”. Las marcas internacionales no pagan el mismo cachet por el uso de ropa deportiva a hombres y mujeres, la FIFA paga diez veces menos valores de premios a los seleccionados ganadores si son femeninos y mil injusticias más.

La revolución feminista le aporta mucho al deporte y mucho más al periodismo. Por eso los señores del poder tiemblan cada vez que ven un pañuelo verde, una movilización de mujeres o a sus hijas adolescentes marchando por las calles.

Pero ahora viene el deber de no ser ingenuos ni ingenuas. Los malos, siguen  exhibiendo su desfachatez. Mentir, estafar, acumular, son sus verbos preferidos.

Menos mal que aparecieron ellas.

Nada les será tan fácil.