Opina Deporte

La lista parece interminable: Samuel Eto'o, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar, Rafael Nadal, Arantxa Sánchez, Javier Mascherano, José Mourinho, Luka Modric, Marcelo, Xabi Alonso, Ángel Di María, Fabio Coentrao, James Rodríguez, Ricardo Carvalho, Sachin Tendulkar, Radamel Falcao, Alexis Sánchez, Adriano…

Sábado a la noche. En una de las tribunas cuelga el cartel celeste y blanco que luce impecable y grandioso, sin sangre. 

Si el periodismo deportivo fuese algo así como un género del periodismo, podría decirse que es de los más fáciles.

El discurso deportivo odiador es muy parecido al discurso político odiador. Odian a los pobres, molestan las minorías, molestan los discapacitados, odian a los extranjeros de piel oscura, odian a los negros, odian el lenguaje inclusivo.

“Hablemos de fútbol” dijo Sebastián Beccacece en la conferencia de prensa cuando el periodismo intentaba sacarle una frase picante, después del altercado con Marcelo Gallardo. El DT del Halcón de Varela es uno de los entrenadores con mejor onda en esto de simplificar el día a día de un juego que, hace mucho tiempo, dejó de ser juego nomás y ahora es un negocio.

“Ellos han marcado un gol y nosotros, no. La explicación más fácil en el mundo del fútbol”, resumió Jürgen Klopp, técnico del Liverpool, cuando del otro lado, ansiosos periodistas esperaban un sermón táctico que les permitiera dar rienda suelta a sus oratorias de toda una semana.

Este parece ser siempre el dilema cuando se analiza al periodismo argentino de estos tiempos. Salvo excepciones, la pésima salud de nuestro oficio se ve reflejada, en la prensa deportiva, en los anticuados habladores y escribidores que se pasaron buena parte del 2022 anunciando el despido de Sebastián  Battaglia, el ahora multicampeón técnico de Boca.

Cómo le cuesta al periodismo en general y al periodismo deportivo tratar los hechos de violencia de género, los femicidios e inclusive abordar las notas sobre el movimiento feminista.

Libros por aquí, libros por allá; mucho fútbol, a veces mucho relleno, pero lo cierto es que la Argentina escritora, la de periodistas, ensayistas, historiadores, chantas y mequetrefes, no es otra que aquella que pintó tan bien Saccomano en su discurso inaugural, pago, en la Feria del Libro. Un vertiginoso desahogo donde se apilaron unas cuantas verdades, con unas cuantas ilusiones. Al final de cuentas, un día se terminará la plusvalía (en este caso, la del negocio editorial) y la democracia igualitaria habrá llegado también para los libros, las revistas y los periódicos. Porque no sólo de libros está hecha la Feria del libro.

El daño que los medios hegemónicos han causado al periodismo es de una magnitud descomunal.  En general por dos vías: acaparar e imponer agenda. Y ocultar los hechos que suceden en la base popular, allí abajo, en el barro, en donde están los y las humildes.