Hubo un tiempo que fui mozo, trabajaba en un bar, cantaba Peter Capusotto. Hubo un tiempo que fue hermoso, y fui libre de verdad, cantaba Sui Generis. Todos sabemos, creo, cuál vino primero y cuál fue la versión paródica. Hoy apostaría a que sí, a que por lo menos aquí cerca sabemos cuál es la canción original, la que vino primero. Pero no sé por cuánto tiempo más se sabrá eso; no es que sea especialmente importante, muy probablemente no.

Pero estamos en el tiempo en el cual ya casi que no se sabe que la parodia viene habitualmente después del original, y no porque se apliquen ideas de predecesores y sucesores de tinte borgeano; no, estamos en esos momentos en los cuales cualquier cosa sin asidero alguno puede ser dicha, y creída por miles de millones de personas. En estos tiempos, 1960 puede ser posterior a 1973, y cualquier verdad histórica puede ser negada en función de fanatismos, creencias variopintas o, la moda final, el miedo y la falta de sentido de la proporción.

En el cine están pasando cosas horribles una detrás de la otra. Un día sacan Lo que el viento se llevó de un canal para agregarle una “interpretación” de algún “iluminado” según los vientos de los tiempos. Para explicar la película a gente que suponen ellos (los censores) que no sabe pensar, es decir, a toda la gente que no son ellos y no piensa como ellos (los censores). Hay bandos, para todo hay bandos, hay bandos en el sentido de “comunicado oficial emitido por una autoridad, generalmente municipal, en el que constan órdenes, indicaciones o consejos para que sean conocidos por la población” y también como el “acto de publicar el comunicado oficial”, y sus repetidores autoconvocados: nunca jamás el buchoneo fue tan celebrado como en estos tiempos. Y, claro, hay bandos en el sentido de asumir lugares fijos y acríticos, cada vez menos lejanos a la reflexión y más cercanos al “aguante”. Hay, en las variantes más inocentes de estas cosas en las redes sociales, gente que se incluye en el “team invierno” o en el “team verano”. No sé, yo extraño, más que la Teem, el logo de la Teem. Y, creo, hay demasiada proliferación de la tilinguería de las palabras en inglés: Take away / Take away plus / Stop and go / Netflix Party... Yo soy del team del déjense de joder con tanta pavada. Y ni siquiera: soy más bien uno que ve -otra vez- cómo los peores temores cómicos de la película La idiocracia (Mike Judge, 2006) se adelantaron demasiado. Uno que ve con pavor cómo primero quisieron prohibir Lo que el viento se llevó y después a John Wayne, y después también La fiesta inolvidable de Blake Edwards porque el inglés Peter Sellers hacía de indio. Y las mujeres se disculparon por interpretar hombres, y los hombres por interpretar mujeres, y los blancos por interpretar negros, y los nenes que crecieron hace décadas pidieron perdón por pintarse la cara con corcho, y Bogart, petiso, dijo que se arrepentía de haber interpretado a personajes un poco más altos que él, y De Niro por engordar para algún papel, y Cameron Diaz por ponerse ruleros para ¿Quieres ser John Malkovich? Estamos a una o dos estaciones de que se prohíba el humor en cualquiera de sus formas y sobre cualquier tema; la estupidez suele ser muy solemne.

Cualquier idea original es atacada ferozmente por salirse del bando; por salirse de lo que dice el líder o de lo que dice la bandera con la que se arropan y los deja ciegos y sordos, que no mudos. Y ni siquiera hay que llegar a algo tan osado como una idea original... cualquier manera de pensar que se salga de las unanimidades acríticas que dominan al mundo en el siglo XXI -y no paran de expandirse- es atacada por lo menos como snob. Así, si antes se podía discutir acerca de las películas que ganaban el Oscar, ahora ya no: si a uno no le gusta nada Parasite es acusado de muchas cosas, y si uno lee bien los mensajes enojados y hasta los insultos, la molestia suele estar basada, tal vez inconscientemente en “qué ganas de romper las pelotas, si en esta estábamos todos de acuerdo y cantando we are the world...”. En el siglo XXI hay cada vez más ganas de “estar todos de acuerdo”, en ser todos “pro” o todos “anti”, y quedar fijado en un lugar y defender la ropa de todos los reyes desnudos que aparecen en el horizonte. La edad de la reflexión y la discusión parece haber quedado atrás, esta debe ser otra, quizás la edad del sol; pero hay muchos que ya ni se animan a ver el cielo, porque se encerraron y lavan los alfajores Havanna blancos con lavandina, y en sus duchas ya no sale agua sino alcohol en gel, y repiten mantras al unísono. O, quizás, la humanidad esté definitivamente en la edad del pavo, pero sin nada de energía adolescente. Y sí, Parasite es horrible, y la necesidad de que te cuiden papá bando y mamá unanimidad, más aún.