
Hace años, años de doce meses, me interesaban mucho las listas anuales de mejores películas. En las épocas de la revista El Amante, además, respetábamos una asombrosa idea de año: éramos unos intrépidos que creían que el año empezaba el 1 de enero y terminaba el 31 de diciembre. Así las cosas, valorábamos los estrenos de todo un año para decidir sobre las mejores de cada año, unos rebeldes bárbaros, o unos bárbaros rebeldes. Y publicábamos las listas en enero del año siguiente al año del que queríamos hacer un balance. Así éramos.
Pasó el tiempo y, por un lado, El Amante dejó de publicarse. Y, por otro, pasó el tiempo y las listas anuales de mejores películas en otros medios empezaron a hacerse antes de que terminara el año. Las listas de mejores películas y también los balances de otro tipo, de casi todo tipo, incluso los balances que te mandan las aplicaciones sobre tus consumos o logros o usos “durante el año”. En noviembre o a lo sumo en los primeros días de diciembre ya está listo “tu año en Spotify”, y también “tus logros del año en Duolingo” y “tu año en lo que se te ocurra”. Ni les voy a decir lo que representa un mes en un año, o qué porcentaje es uno con respecto a doce: es el 8,33 por ciento. No se los voy a decir pero es un montón.
En cuanto a listas sobre cine, ya que no sale más El Amante, uno suele interesarse por la lista de mejores películas de Cahiers du cinéma. Y Cahiers du cinéma publicó la lista de mejores “del año” de 2025 a finales de noviembre. A finales de noviembre. En fin. ¿Por qué no esperan el fin de año para cerrar el balance del año? Ah, ganó Tardes de soledad de Albert Serra. O más bien obtuvo el primer lugar de la votación de Cahiers. Una película en realidad de 2024, porque se estrenó en el Festival de San Sebastián en 2024, en donde ganó el premio principal, es decir la Concha de Oro.
Una película de 2024 gana en 2025, sin que termine el 2025, la votación del año 2025 de Cahiers du cinéma. Bueno, así estamos, y cada uno define el año y lo que cabe en una votación como se le ocurre. Y los años, para alguna gente, terminan en algún momento de noviembre. Lo que sigue hasta el 31 de diciembre sería algo así como tierra -o tiempo- de nadie, o de nada. Quizás la votación de Cahiers sea de los estrenos desde el 1 de diciembre de un año hasta el 30 de noviembre del otro. No lo creo, qué raro quedaría. ¿Lo aclararán en algún lado? No lo sé. Pero habría que preguntarles. O no.
Está claro que Tardes de soledad es considerada de 2025 para Cahiers du cinéma porque la película se estrenó en Francia en 2025. ¿Y en Argentina? En Argentina la película está comprada para estrenarse en las salas de cine, o quizás se estrene en apenas una sala de cine, con lo cual habría que poner sala en singular. O no. Pero no parece que vaya a estrenarse en estas semanas de diciembre así que muy probablemente sea un estreno en salas (o en sala) de 2026. Por lo tanto, tal vez termine integrando la lista de mejores películas de 2026, digo de las estrenadas en Argentina. De todos modos, cada vez más, hay listas de mejores películas de un año que tienen otros criterios que no son los de estrenos en un territorio nacional en salas de cine en un año (o en un año de once meses y poco más de once lunas, pero lo de las lunas requiere más aclaraciones, y gracias Fassbinder por el año de 13 lunas).
Tengo por ahí un mail con una invitación para votar en un medio de esos que podríamos llamar “globales” que me pide votar antes del 10 de diciembre acerca de las películas de 2025. Bah, de las películas que se estrenaron en cines o plataformas en Estados Unidos. No votaré, porque hace calor y debería votar corrido del tiempo y también del espacio. Corrido del tiempo y del espacio podría votar corridas de toros y votar la película de Albert Serra que ganó la votación de Cahiers. Veo que Tardes de soledad se ha exhibido en Estados Unidos en diversos festivales pero no sé si se estrenó en cines en el país en cuestión. Y parece que si solamente se dio en festivales no se puede votar en esta votación en la que me invitan a votar votando. Mejor no voto, porque no tengo ganas y porque me gustaban los años en los que un año era un año. Y si hay que cambiar las cosas que se cambien de manera decidida y, como cantaba María Elena Walsh en “El reino del revés”, que un año dure un mes y chau picho. O mejor hagamos una vez con trece meses, con dos diciembres, para reivindicar al mes dejado de lado en las encuestas y los balances del año. O del “año”.



