Mundo Cine

Hace unos meses alguien escribió en Twitter que quizás en la programación del Bafici estuviera incluida C’mon C’mon de Mike Mills. Poco después me enteré de que esa película estaba comprada para estrenarse en Argentina incluso antes de que empezara el Bafici por lo tanto ni nos molestamos en considerarla. Semanas después de terminar el festival me dio curiosidad ver C’mon C’mon, protagonizada por Joaquin Phoenix, Gaby Hoffmann y el niño Woody Norman. La película tenía “buenas críticas”, un promedio de 82 sobre 100 en términos de puntaje en Metacritic.

Tom Cruise hace cine. Demuestra cine. Hace que el cine sea ir al cine. Se pone otra vez el traje, la coraza, el disfraz serio y también humorístico del héroe y hace volar todo por el aire y los aires otra vez, en una película pirueta y de piruetas. Tom Cruise, otra vez, y otra y otra y otra vez, cada tanto, revive ese cine que nos hizo amar el cine, la sala de cine. Con todas las Misiones imposibles, con la primera Jack Reacher, con Minority Report, con Guerra de los mundos, con Day & Knight. Con otras más y también con esta Top Gun Maverick. Tom Cruise se ríe y vuela. Y vuela vuela, y hace chistes.

Resulta que escribí un libro que se llama Buenos Aires sin mapa, está editado por Serie Gong y desde el 1 de junio estará en las librerías. Y tiene texto -300.000 caracteres divididos en 48 capítulos- y 125 fotos a todo color (además de escribir saqué miles de fotos). Y me dijeron que podía hacer un adelanto acá. Pero no sé hacer adelantos. Así que hice algo así como un trailer, inspirado en uno de los trailers de Femme Fatale de Brian De Palma, que era un compilado de imágenes de la película a toda velocidad (aunque a veces se frenaran un poco), un juego en el que la película simulaba exhibirse toda ante nosotros, en una llamativa y contundente compresión. A partir de ese ejemplo hice esto, y entonces aquí tienen el primer tercio del libro reducido a poco menos del 8% de su extensión, con fragmentos de diversos capítulos, desde el primero al décimosexto, en el orden del libro. Se podría decir que en esta columna está todo el primer tercio de Buenos Aires sin mapa. Claro, todo menos lo que no está y que sí está en el libro. Y aquí tienen también tres fotos, es decir todas. Claro, todas menos las otras 122 que están en el libro y que acá no están. Parece que todo es mentira, ya desde el título del libro (porque no se puede vivir sin mapas). Y desde la mención a Brian De Palma, ese gran artista de la mentira.

En la memoria quedan cosas, incluso unas cuantas que para qué. Pero quedan. Por ejemplo la publicidad de Impulse, en la que un hombre se bajaba de un taxi al que recién había subido y le regalaba flores a una mujer que no conocía y que recién había bajado del vehículo. “Si alguien que no conocés de repente te regala flores… eso es Impulse”.

Terminó hace poco más de una semana la edición número 23 del BAFICI. O, como me gusta decirle a mí, la vigésimo tercera edición del BAFICI. Dirijo el festival desde la edición 2016, la décimo octava, y todos los años han sido especiales por diversos motivos: el principal, claro, es el hecho de… dirigir el festival de cine de la ciudad en donde vivo. Una de las ediciones -la de 2020- estaba lista y se canceló. Y la edición 2021 tuvo las limitaciones de sus tiempos y ánimos alterados… funciones y sedes separadas, espectadores separados, ausencia de invitados extranjeros y casi nada de las interacciones habituales de los festivales. Pero se sintió como una proeza y las películas pudieron estrenarse con público y con el marco de un festival.

En estos días previos al Bafici -o cuando lean esto quizás ya con el Bafici número 23, del año 2022 ya empezado-, suelen abundar las preguntas sobre qué ver en el festival, qué es aquello que uno no debería perderse. Yo creo que no hay que perderse el festival, o mejor dicho no hay que perderse la oportunidad de perderse en el festival. No se me ocurre mejor manera de lanzarse al festival que lanzarse a la aventura y avanzar sin recomendaciones. Ir a todo lo que se pueda, a todo lo que sea accesible según horario y conveniencia. Y este bien podría ser el fin de la columna. Pero como mi recomendación de no guiarse por recomendaciones nunca es tenida en cuenta va algo así como un hilo, un atado de conexiones, un fluir de recomendaciones, un mapa digresivo que se apoya en algunas pocas películas de este Bafici.

Se retiró Bruce Willis del cine por padecer afasia. De alguna manera, ya estaba retirado desde hacía algunos años por la paradoja de la hiperactividad: estaba inmerso en un frenesí laboral y aparecía en los créditos de más y más películas, en general cada vez más irrelevantes. Su carrera de estos últimos años ya no era lo espectacular que supo ser, la del estrellato gigante, esas casi tres décadas de acumulación de glorias y muchas películas inolvidables desde mediados de los ochenta hasta principios de la década pasada (y sobre todo desde fines de los ochenta hasta fin de siglo). Se retiró Bruce Willis de la actuación y es una de esas noticias que impactan, pero no fue un corte abrupto de una carrera que estaba en la cima. Willis, niño de la posguerra, nació en 1955 en Alemania, hijo de padre militar estadounidense y madre alemana, y cumplió 67 años hace dos semanas.

Hace unos días murió el apasionado Pascual Condito, sobre el que ya se escribieron muchos obituarios, muchos mensajes en las redes sociales y se contaron muchas anécdotas. Personaje expansivo, personaje único, personaje apasionante. Pero, sobre todo, personaje intenso, amante del cine y de estar en el mundo del cine, de esos que no daba lo mismo verlo o no verlo, encontrarse o no encontrarse con él en la calle, cerca de un cine, en un café del antiguo barrio de las distribuidoras o incluso en el mercado del Festival de Cannes, en donde muchas veces el stand de Pascual era un refugio para los argentinos recién llegados a un evento como ese.

Y se estrenó una nueva Batman llamada The Batman. Una nueva de Batman llamada The Batman. El Batman, como El Guasón, El Bromas. No, es The Batman. La gente habla de The Batman. De do do do, de da da da. De The Batman. No la vi, veo que la duración de The Batman es de casi tres horas. Así las cosas, pondré excusas diversas para no ir a verla. Recuerdo la Batman de Tim Burton. La vi en un cine de Mar del Plata. Yo tenía dieciséis años. Y en ese entonces Batman me parecía algo que entraba al cine como un intruso, como un parásito, como algo probablemente pasajero. Mi sensación, que probaría altamente desacertada, era que esto era una moda que ansiaba que fuera efímera.

Ivan Reitman nació en Checoslovaquia, en donde hoy es Eslovaquia. Vivió en Canadá. Donó terrenos en los que ahora están ubicados buena parte de los cuarteles centrales del Festival de Toronto. Hizo cine americano. De su filmografía la mayoría son comedias, comedias con cosas más bien fantásticas, con fantasmas, con cruces diversos, comedias bien contaminadas. Hizo diecisiete películas. Las cuatro primeras no las vi en cine, nací en el año en el que hizo la segunda; la última no la vi en cine, no se estrenó en cines en Argentina. Desde la quinta hasta la decimosexta, vi todas las películas dirigidas por Ivan Reitman en el cine.