
Viernes. Llevé a Carmelo a lo de un amigo y de casualidad pasamos por la puerta del CEDINCI, la sede que queda a la vuelta de casa. Estaban vendiendo libros de su fondo. Llevé a Carmelo, volví y entré. Lo primero que revisé fueron unos libros en francés. Me tentaron algunos sobre fascismo, sobre todo por las tapas. Eso era en un pasillo. Adentro, con aire acondicionado, estaba Horacio Tarcus, canoso, panzón, afable, charlando con una mujer joven. Después entraron otros jóvenes. Había cajas con muchísimos libros. Los precios eran buenos. Había libros por mil, por cinco mil y por diez mil pesos. La mayoría parecían sacados de bibliotecas de izquierda, desde ya. Había tomos sueltos de unas obras completas de Lenin. En una esquina, una sección dedicada a Beatriz Sarlo, con los libros que ella seguro había donado, ediciones mexicanas y francesas. (Me impresionó esa parte. Eran muchos títulos y su muerte reciente los vestía de un color espectral.) Separé por diez mil una edición en rústica de Stalingrado de Beevor a diez mil pesos. Y después unos libros muy simpáticos, ediciones francesas de biografías de pensadores con la cara del biografiado en la tapa. Marcuse, Lukacs y Orwell. Un buen trío. Los retratos en tapa, recortados, hacen que parezcan tres cómicos al estilo los hermanos Marx. El de Orwell lo firma Raymond Williams. Le pregunté a Tarcus si tenían la biografía de Astrada que escribió Guillermo. Me dijo que no, pero que seguro estaba en la otra sede del CEDINCI. Ahora estoy en casa y me dan ganas de volver a bajar para seguir revolviendo. (Revolver libros viejos es una de las actividades intelectuales que más disfruto.)
Domingo. Viaje a Las Heras. Ayer, presentación de Los años 20, la revista de los jóvenes. Segundo número. ¿Hay algo ahí? Se dedican a mapear lo cual es bueno. Pero no sé si predican algo. Creo que los jóvenes deberían predicar, profetizar, ser enfáticos, discutir. Nosotros hablamos de la llegada de Internet de forma salvífica. Nos equivocamos pero era lo que nos tocaba. Recuerdo el entusiasmo que compartimos con Mavrakis. Esa fue nuestra acotada pero justificada práctica de vanguardia. Ellos son… ¿Cómo son? Más liberales, más conservadores al mismo tiempo. A veces más que los años 20 parecen la generación del 80. Ni siquiera son arrogantes o agresivos. ¿De quién hablan mal? De nadie. Sin embargo, la juventud es en sí misma una declaración estética. Alcanza para llamar la atención. Pienso todo esto ya en Las Heras donde armé con unos ladrillos grises y unos estantes una pequeña biblioteca. Mientras montaba todo y reunía los libros que andaban sueltos por la casa, mi madre opinaba. Que girara los ladrillos, que cambiara la madera, que limpiara la mugre... También preguntaba si los libros estaban ordenados de alguna manera. Luego cuando todo estuvo más o menos presentable, quiso poner un pequeño florero de vidrio sobre un estante y volcó muchísima agua sobre un estante, así que hubo que sacar los libros y limpiar el agua. Las flores eran jazmines.
Miércoles. Hoy es 24, noche buena. Me gustaría reescribir Las ruinas circulares de Borges protagonizada por robots evolucionados. Se titularía desde ya, Los androides circulares: “Nadie lo vio desembarcar en la noche, nadie vio la canoa de metal sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el androide taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas ciudades que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el lenguaje binario no está contaminado de lenguas humanas y donde son infrecuentes los virus. Lo cierto es que el androide besó el fango, repechó la ribera sin sentir las cortaderas que le ensuciaba las piernas y se arrastró, mareado y húmedo, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de metal, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza.” El androide quería soñar otro androide “con integridad minuciosa” y después “imponerlo a la realidad.” ¿O el androide quería soñar un hombre? ¿Sueñan los hombres con androides circulares?
Más tarde. Se me ocurre otra variación titulada Los rinocerontes circulares. La trama sería así: un hombre descubre en un lejano paraje de la sabana africana una manada de rinocerontes blancos que se mueven en círculos. Día y noche, caminan, galopan, y vuelven a caminar, hasta caer rendidos de cansancio y levantarse y volver a moverse. El protagonista, que es un hombre de ciencia, no entiende ese comportamiento, hasta que descubre que esos rinocerontes circulares son una manifestación de Dios. Volviendo a Las ruinas circulares, en 1940, un Borges agobiado por la realidad densa de la Argentina y el mundo se imagina a un personaje sin nombre que solo quiere “dormir y soñar” como parte de un proyecto mágico de creación de un semejante (que suponemos también querrá dormir y soñar.) Visto desde hoy es uno de sus cuentos más liberales, fóbicos y depresivos.
Jueves. Navidad. Un regalo. Hice imprimir mi “poesía completa” como un regalo para mis cincuenta años. Es un regalo que me hago a mi mismo, módico. Solo dos ejemplares. Dedicados a Napolitano y a Godoy y que en algún momento les llegarán. Los encuadernó una chica en San Telmo que trabaja muy bien, con mucho criterio. No creo que escriba más poesía, así que es muy probable que lo de “completa” sea cierto. Pero también podría haberse llamado solo Poesía. Lo completo quedo implícito. “Poesía completa” es una estrategia de venta en un libro que no se va a vender. Con dos ejemplares, ¿de venta a quién? Se trata de un libro secreto, aunque no pude resistir la tentación de poner una foto del libro en las redes. Recibí algunos imprevistos comentarios de entusiasmo. Un libro que a su vez incluye libros inéditos. Poesía secreta como título sería pomposo, pero tan cierto y válido como cualquier otro título.


