Libros y Lecturas

Jueves. Algunas notas que me dejaron las clases de la primera mitad del año. El archivo se titula Problemas del novelista. En relación al tiempo y su administración, ¿cuándo escribir? ¿Cuánto tiempo escribir? Pero no importa el tiempo, importa el ritmo. La extensión. ¿Cómo sumar páginas? ¿Cómo hacer crecer la narración? Pensar desde ahí es un error. No pienso desde las páginas, pienso desde la historia. (Aunque miro la extensión.) Dos instancias. La decepción. Es inevitable. El entusiasmo. Hay que tener cuidado. El tema. ¿Qué es el tema? ¿Cómo elegirlo? A veces no lo elegimos, sino que lo descubrimos en lo que escribimos. Elementos de la narración. La escena, el personaje, el estilo.

Jueves. La caldera que calienta el agua en mi departamento no anda. No me puedo bañar ni calefaccionarme. El display electrónico da error cuando la enchufo. Busco el manual en la web y lo leo. No entiendo qué tengo que hacer y si puedo arreglar la caldera por mi cuenta. Llamo a mi tío y me dice que falta presión de agua. Arreglo eso abriendo una válvula oculta en la parte de abajo de la caldera. Así pasó de E07 a E01. La letra E es de error. El E01 demanda que haga un reset de la caldera pero no sé cómo hacerlo. Vuelvo al manual. Lo leo bastante a conciencia. La caldera sigue sin encender.

Jueves. Ayer empecé el curso virtual con Daniel Santoro. Se conectaron ciento cincuenta personas. En el comienzo de la clase Santoro pasó el fragmento de la construcción de la campana de Andrei Rubliov. La película va sin sonido y él la narra. Habla sobre las imágenes. Habla del coraje de crear. Al principio pienso ¿qué pasa acá? Y luego entiendo. Hay una traducción. Me emociona la escena final del huérfano llorando y diciendo que el padre no le había enseñado nada. Me emociona mucho escuchar a Santoro contando eso que veo. Luego dice “hay pintura y hay dibujo porque hay cristianismo.” Me vuelve a sorprender. Disfruto mucho de su análisis de Van Eyck y su comparación con Tintoretto.

Sábado. Le improviso una breve historia del teatro a mi hijo para que se duerma. Describo la vida en Atenas, los actores cómicos o trágicos, las obras y los dramaturgos. Cuando salto a los contadores de películas de los pueblos bonaerenses, ya está dormido. Son apenas 2400 años de historia.

Miércoles. Murió John Mcaffe.

Lunes. Cuando vuelvo en bicicleta desde Constitución a Flores paso por la biblioteca Miguel Cané en la que trabajó Borges. Me gusta recomponer la colección de trabajos que tuvo. Empezó a trabajar muy tarde. Fue periodista y renunció a ser editor del suplemento Multicolor de los sábados que salía en Crítica. Después fue auxiliar de biblioteca y lo echaron por contrera. Y luego se las arregló como conferencista y ocasional redactor de algunas revistas. Piglia dice que dirigió o escribió en una revista del subte. Es posible. A veces pienso qué habría pasado si el peronismo no lo hubiera echado. Se habría quedado ahí, supongo, en la biblioteca. A veces pienso en cuánto cambió el barrio desde que Borges caminaba esas cuadras. A veces no pienso en nada y me dedico a pedalear.

Lunes. Ayer domingo, paseo con Mia Antonella por la 9 de julio y San Telmo. Bastante gente en la calle y en los bares. Miramos y sacamos fotos de fachadas y edificios. La arquitectura de Buenos Aires, siempre amenazada, siempre vital, qué bien se deja fotografiar los domingos de sol. No hacía frío. Compramos dos libros en el mercado, donde hay librerías de viejo y discos de vinilo más ropa y lugares para comer. Después bajamos a ver el Canto al trabajo de Yrurtia que está enrejada y verde, como si hubiese sido afectada por una radiación. Es una de las mejores piezas que muestra la ciudad. No, es la mejor. Y la mejor de Argentina también.

Lunes. Corrijo un largo ensayo sobre Aira. Pienso que sus libros son la aplicación narrativa, sin amagues ni fisuras, de lo mejor —Roland Barthes— pero también lo peor —todos los imitadores de Barthes— del estructuralismo francés. ¿Cómo lo sé? Porque esos libros son fáciles de enseñar, una característica muy específica del estructuralismo francés. Útiles para ponerlos de ejemplo, para señalar los temas de la narración, sus recursos, sus herramientas… ¿Hay en los libros de Aira saberes que no atiendan a los de la mera literatura? Bueno, esto es imposible. La ficción siempre habla de otra cosa. Pero el esfuerzo está puesto en esa tonalidad autoreferencial en la disciplina elegida. De paso, no hay otro estructuralismo que el francés. No llega a haber, por ejemplo, un estructuralismo argentino.

Lunes. Constitución es un barrio de transas, putas y travestis. Se los ve en la calle a cualquier hora y conviven con los vecinos. Los dos grupos, los marginales y los vecinos, existen en realidades paralelas y hacen de la indiferencia, un arte. Una madre con una nena pasa por una vereda donde una gorda se ofrece semidesnuda. Un travesti se muestra a un taxista que la ignora. Un viejo saca la basura mientras un pibe de gorra y campera adidas espera en la esquina. La policía pertenece a los dos grupos. Es como un nexo de seguridad y violencia latente entre ambos. Los grupos de angoleños y dominicanos que van y vienen están en un tercer plano. Hay un cuarto grupo que son los viandantes, hombres de paso, trabajadores del proletariado suburbano que llegan o salen de la estación de trenes. No hay librerías en el barrio y desde el segundo piso en el que estamos siempre se escuchan gritos. A veces son borrachos, a veces los vecinos. Con “vecinos”, me refiero a gente sin personalidad social, que no participa del negocio de la calle ni de su administración.

Lunes. El fin de semana arrancó el confinamiento obligatorio de nueve días. Desde el viernes a la medianoche, todos adentro. Mi pregunta ya es por el año que viene. Este año va a ser de muerte y de lucha contra la muerte. (La politización del virus, más bien su partidización, me interesa bien poco. Lo que surgen son peleas del contra-sentido-común, el antiperonismo descargando una cadena interminable de infamias. Y el peronismo cuidando al centímetro el costo político que se arriesga. Todo es triste y banal.)