Libros y Lecturas

Sábado. Ayer entrevisté a Gerardo Buchwald en el circo Arlequín que queda al lado del Circo Rodas. De hecho, me contó Don Buchwald, son del mismo dueño. Me acompañó Carmelo. Fuimos en colectivo hasta Crovara y General Paz. Hacía calor. Pero el viaje valió el esfuerzo. Los dos volvimos muy impresionados por la historia de Buchwald.

Jueves. Camino desde el subte de Plaza Constitución hasta la casa de Mia Antonella. En el camino veo a una mujer, muy flaca, vestida con un traje de hombre que le queda grande, fumando paco en la vereda y tratando de leer un cartel que hay en la pared. Lo lee en voz alta y cada tanto se detiene para atender la pipa rústica de la droga. Lo que más me llama la atención es el traje que tiene puesto. Más tarde, leo sobre el San Luis y también leo en voz alta.

Lunes. Medité un rato hoy a la tarde. No tenía actividades ni horarios. Estaba solo. Medité durante unos quince minutos ayudado por un guía de YouTube. (La máquina me hacía meditar.) No solo empecé a percibir lo que me costaba respirar, sino que sentí la irregularidad de mi pulso, la sangre queriéndome hervir la cabeza. Estoy grande y todo comienza a descomponerse con una lentitud ridícula, orgánica y risueñamente aterradora.

Viernes. Ayer en el premio Clarín de novela con Richards, los hermanos Rife, Caresano, Godoy y Mia Antonella. Se hizo en el Colón. Martin Caparroz en muletas. Telerman dando vueltas por acá y por allá. Champán y mucha gente del rubro cultura. Pablo Braun, una vez más vestido algo mejor que un linyera, rodeado de lisonjeros, mirando con cara de no saber bien qué pensar. Podría haber sido el editor de una generación. Tenía los medios. Pero no sabe leer y el dinero siempre trae a los turistas. Ganó Miguel Gaya, a quien leo en Facebook. No leí la novela pero me puso muy contento que fuera él el premiado. ¿Alguna novedad? Sí, con claridad se vio que no hay recambio. Las caras de siempre parecían algo más cansadas, menos lozanas. Un año más, una reunión social más. Eso no es novedad… Pero faltaban los instagramers, los estrimears, los youtubers. No había jóvenes de ningún tipo.

Miércoles. Vamos a El Desnivel a cenar con Mia Antonella y Javier Fuente. Comimos un riñón asado, un excelente bife de chorizo y ensalada de rúcula. Pedimos primero una botella de la bodega Gascón y después un vino dulce. Hablamos de historias personales y Javier me regaló una foto de Borges ploteada en gris por él y figuritas del mundial que él mismo imprimió, lo cual halaga mi gusto por la duplicación. Hoy Napo me pregunta por qué no escribí sobre D'Annunzio. Me pasa una especie de oratorio donde Debussy le pone música a una obra de D'Annunzio sobre Sebastiano Martire. Hablamos de Debussy, de cómo su obra orquestal fue opacada por su obra para piano.

Viernes. Semana larga. (Aunque hablé con mi madre y me dijo que a ella la semana le había parecido corta y me hizo pensar lo mismo.) Trabajo en el libro de Pino. Es de él y es mío al mismo tiempo. Aunque supongo que es más de él y que en eso consiste mi trabajo. Si todo va bien lo voy a tener terminado en dos semanas. Después de eso voy a empezar con el San Luis. No puedo escribir dos libros al mismo tiempo. (Es un viejo consejo de Henry Miller que aprendí de Strass.) Puedo llevar este diario, puedo tomar notas, puedo incluso escribir mi novela de Facebook (la que de hecho va muy bien) pero no puedo trabajar en dos libros al mismo tiempo. No puedo hacer dos investigaciones al mismo tiempo. Tiendo a programar todo. ¿Qué voy a hacer el año que viene? ¿Voy a poner al submarino ARA San Luis entre mi tiempo y mis ganas de escribir una nueva novela? Es una forma de posponer novelas. Hacer investigaciones. Creo que es hacerme trampa. Pero, al mismo tiempo, cada vez que leo algo más, o veo un documental, o veo una película, más cerca estoy y más interés tengo en el San Luis.

Martes. No picnic de Thompson es dos libros. Por un lado, el título. No picnic, título que Atlántida dejó en la tapa y subtituló con un paréntesis (No fue un paseo). ¿Era necesario? No, pero la redundancia, esa insistencia, creo que sirve. Luego una bajada explicativa: “La actuación de la 3ra Brigada de Comandos de Infantería Británica en la guerra de las Malvinas.” Pero ya esa negación inicial, ese no donde comienza la obra, desafía muchas, por no decir todas, las lecturas que se hicieron de la guerra en la década del 80 y que se siguen repitiendo. Thompson que estuvo ahí dice que no, lo niega. No fue un picnic como dicen y repiten ustedes. Luego, por otro lado, está el libro de una escritura y una prosa burocráticas y que se puede sintetizar en cómo y cuándo –sin estridencias ni apuros, con una racionalidad completa– los soldados británicos llevaron y repartieron sus “balas, porotos y combustible.” Si el título de Thompson implica cierto vértigo, el libro en sí es casi tedioso. Su lectura, como fuere, me acompaña.

Miércoles. Por la mañana antes de ir a trabajar, Mia Antonella salió a comprar y dijo que de la puerta hasta el supermercado había un hilo de sangre que había goteado durante la noche. El único género donde se puede ensayar la crítica a la arquitectura es la novela. Todo lo demás es como bailar sobre arquitectura. Quiero decir existe la historia de la arquitectura y la crítica de arte pero ¿la crítica de arquitectura? Acá sí entiendo la cita de Zappa. (Otro soporte para ser crítico de arquitectura es el cine.)

Viernes. Compro un libro por Mercado Libre. Voy a buscarlo a una dirección en Colegiales. Es una librería muy linda, grande, algo escondida. Me acerco al que atiende y nos reconocemos. Es Miguel, el librero de la calle Puán, de la librería Biblos, donde yo compraba mis libros cuando era estudiante. Hablamos de esas épocas y de estas épocas.

Domingo. Presentación de Navidad en Japón de Thomas Rife. Lo presentamos en el centro cultural El Limonero. Hablamos con Caresano de Bloy y de Proust. La mejor editorial de ensayo de hoy es Ediciones Paco. No tiene competidora. Mañana, a Lanús a ver a Pino. Quiere que escriba su libro, que entiendo será de memorias. Estoy en la casa de Mia Antonella así que voy a ir en tren, saliendo de la estación de Constitución. Hasta hace muy poco, este barrio de Constitución me era desconocido. Me ubicaba, desde ya, en la plaza. Pero ahora conozco más. Reconozco esquinas, antros, edificios. En la calle, los travestis y los adictos, los dealers, la policía, los dominicanos, los senegaleses. Hace un rato fui a hacer unas compras al supermercado de la cuadra y había dos chinos hablando en voz alta. En la biblioteca de Mia Antonella encuentro el Método de Lectura Gradual de Sarmiento. ¿Cómo describir el barrio? No conozco las historias. Solo veo fragmentos de situaciones, personajes, escenas que se develan a medias. En los edificios viven los vecinos nunca del todo indiferentes pero forzados a hacer otra vida, a evitar la calle. Constitución es un barrio dividido entre el exterior y el interior.