La Política

Los candidatos del oficialismo tendrían que estar hablando de planes para recuperar parte de las 20 mil pequeñas y medianas empresas que se perdieron en 2020, de cómo combatir los casos de inseguridad en la provincia, de cómo enfrentar el regreso de los narcos, y de cómo reparar el enorme daño que provocó la decisión de cerrar las escuelas. Sin embargo, en la presentación de las listas del Frente de Todos, solo hablaron de “pero Macri” y los globitos de los postulantes de PRO y Juntos por el Cambio.

Aunque el peronismo, es, antes que nada, una enorme y efectiva maquinaria electoral, hay tres cuestiones que, indicarían, que no tiene garantizado el triunfo. Una la explicitó ayer en La Cornisa Carlos Melconián: casi todos los oficialismos del mundo, perdieron en el medio de la pandemia.

La martingala que llevó a Alberto Fernández a la presidencia de la Nación es el gran antecedente del que se toman casi todos los dirigentes para justificar las candidaturas más variadas. Esto significa que siempre puede haber un espacio para la gran jugada sorpresiva a y matadora. Es como un extraño viaje hacia el centro del poder. Así, en Juntos por el Cambio, después de amagar con infinidad de postulaciones, quizá queden en pie unas pocas.

Una serie de encuestas vienen alarmando al Frente de Todos en general y a Cristina Fernández y Axel Kicillof en particular. ¿Se está perdiendo en la provincia de Buenos Aires? ¿Los votantes fieles del conurbano profundo, por caso, La Matanza, están empezando a abandonar al kirchnerismo? ¿Se está produciendo un cambio de tendencia y por eso la vice tuvo que salir en auxilio del gobernador que no gobierna pero grita a poner las cosas en su lugar?

A falta de otro recurso más efectivo, el gobierno se abrazará a la vacuna para ganar las PASO que se realizarán el domingo 12 de setiembre de este año. Más que una campaña de vacunación, que hasta ahora ha sido caótica, y que incluyó una larga lista de inoculados VIP, usarán la vacuna para hacer campaña. Es decir: para colocarse en el lugar de gobierno protector, contra una oposición a la que ya presentan como anti vacuna y en contra de la salud y la vida.

El presidente anunció ayer medidas a las que él mismo denominó confinamiento, pero que, en los hechos, no son muy distintas o lo que se conoce como “fase uno”, o, para que se entienda mejor: al conjunto de restricciones de la cuarentena original que rigió durante el principio de la pandemia. La diferencia entre aquel momento y éste es que todos estamos más cansados, más insatisfechos y más enojados que antes. Sin las vacunas suficientes, en medio de una economía destrozada y con una sola herramienta a disposición.

“Cuánto más unidos decimos que somos, más separados estamos”. La confesión de un intendente oficialista del primer cordón del conurbano bonaerense, que todavía se referencia en el presidente pero que cada día se manifiesta más desencantado sobre su conducta, es todo un síntoma de cómo están las cosas en el Frente de Todos. El intendente sostiene que en las últimas horas Alberto Fernández le hizo llegar a Cristina un mensaje inquietante. “Hasta aquí llegué. No estoy dispuesto a ceder ni un centímetro más”, dice el intendente que le habría dicho el jefe de Estado a la vice.

En el oficialismo están haciendo cuentas muy finas: cuántas vacunas se necesitan para ganar las elecciones. Se responden: por lo menos 30 millones de dosis más, antes de agosto. Y eso, siempre y cuando no aparezcan nuevas variantes de las cepa de Wuhan, más contagiosas y agresivas, lo que nadie se atreve a aventurar. Por supuesto, las cuentas se hacen en secreto, igual que las hace en secreto la oposición.

El gobierno nacional, y el de la provincia de Buenos Aires, tienen un problema: cómo aplicar restricciones ante la nueva ola de contagios cuándo su autoridad está puesta en discusión. La Ciudad de Buenos Aires, en menor medida, también. Pero los gobiernos de Alberto Fernández y de Axel Kicillof todavía más: atravesados por los vacunatorios VIP y la vacuna militante, por el hartazgo social y una política sanitaria por lo menos, deficitaria.

El motochorro que asaltó y mató a María Rosa Daglio en Ramos Mejía había sido beneficiado con su liberación debido a la pandemia del conoravirus. Acordate bien del nombre de este energúmeno: se llama Alejandro Miguel Ochoa y fue capturado ayer a la tarde, en un operativo que tuvo lugar en la intersección de las calles Hortiguera y Lamadrid, Castelar, Partido de Morón.