
Cada dos por tres un periódico o un noticiero pone el grito en el cielo, se rasga las vestiduras y se indigna y alarma cual carmelita descalza, ante lo que llaman “escalofriantes” lesiones de luchadores de UFC. Las UFC, por si no las conoce, son las llamadas luchas de artes marciales mixtas donde los combatientes llevan guantes más pequeños, el ring parece más una jaula y básicamente la regla parecería ser una sola: no se maten. El resto, vía libre.
Días atrás, se hizo viral la imagen de Mohammad Yahya, vencido por Steven Nguyen en una pelea de estas en Dubai. El pobre derrotado –y esto era lo que ponía al borde del desmayo a los periodistas y comentadores deportivos- era lo machucado de uno de sus ojos. De hecho, había un globo que de tan inflamado ya era más grande que su propio ojo, y más que a una escena de la realidad hacía recordar a los viejos dibujos animados del Coyote en su persecución fallida y accidentada del Correcaminos.
Este es un mundo extraño. O, como mínimo, contradictorio. Pues, ¿qué podrían esperarse de unos combates donde básicamente, lo que se trata es de dos personas moliéndose a palos, estrangulándose y provocando toda clase de daño corporal en un símil jaula? Es como si, tiempo atrás en Roma los espectadores del coliseo se alarmaban por el estado de los luchadores luego de su combate con leones.
¿No es esa, en definitiva, la razón de ser de todo ese sanguinolento espectáculo? La UFC no es tenis, no es esgrima, ni siquiera es boxeo donde hay más limitaciones que permiso para golpear y el árbitro suele intervenir antes que las cosas se pasen de la raya, y aún así cada tanto alguno sale herido.
La UFC es carnicería pura. Es reflejo perverso de nuestros más bajos instintos de destrucción. Es novela de Stephen King sobre el ring. No sé cómo han logrado establecerlo como actividad legal a plena luz del día, pero qué dudas caben: la UFC es prácticamente un doble intento de crimen a la vista de todos.
Que cada dos por tres, quede uno con un tercer ojo en la mejilla como resultado de la pelea, no debería sorprender a nadie.
Imagen creada con IA Stable Diffusion


