CUANDO LA NOTICIA LE DISPUTA LA EMOCIÓN A LAS FICCIONES
El espectáculo del huracán Gustav

Video casero sobre el paso de Huracán GustavPor: Julián Gorodischer. Propongo un ejercicio: ver CNN o CNN en Español y adivinar títulos de películas detrás de la cobertura omnipresente del paso del huracán Gustav. Hay de todo, lo que prueba la capacidad que tienen en el Norte para generar realidades espectaculares. Estando allí habría que redefinir todos los preconceptos sobre “sensacionalismo” porque aún los más objetivistas, los “neutros”, son más sanguíneos y amarillos que nuestros locales Crónica TV o C5N.

Ni hablar de cómo están contando sus realidades los de Fox News con sus cuadros de manchas flúo marcando el peligro inminente en la zona de Louisiana. Yo probé identificar películas, o en verdad eran las películas las que se me aparecían viendo la crónica de CNN en Español. Sólo por nombrar las más evidentes: Cloverfield, Soy leyenda, El día después de mañana, más de Cloverfield cada vez que las cadenas estimulan a que se “manden sus propios videos caseros”, Exterminio y Titanic, cuando la enviada de la CNN, Inés Ferré, visita los restaurantes abiertos, con parroquianos inmutables, como quien baila en la terraza del transatlántico que se va a pique.

Tan espectaculares (después del 11/S) se fueron volviendo los acontecimientos norteamericanos que ya la ficción es incapaz de reproducir la monumentalidad de la tragedia, no en términos de demoliciones o derrumbes sino de multiplicación de los puntos de vista. El protagónico es del video amateur, preferentemente filmado desde celulares; la realidad en red, multifocal, suprime la posibilidad de contar el Apocalipsis actual mediante guiones lineales, con protagonistas únicos o héroes sobrevivientes y misiones al menos parcialmente cumplidas.

Eso no es el hoy post 11/S, y cualquier relato unidimensional, que herede o replique al cine catástrofe clásico, está destinado a fallar o a pasar por anacrónico. Nada habla menos que el avance de Gustav y sus primitos Hanna y Ike que una película como Twister, por ejemplo, incapaz de avizorar un exterminio, una masacre, más que acotada al grupito de protagonistas, limitada todavía para contar todo al mismo tiempo, esa posibilidad ilusoria que (al menos en mi caso) sólo había conocido –un germen de lo que vendría- en la invasión a las capitales simultáneas de V Invasión extraterrestre.

El non fiction de las cadenas de noticias impone su reinado sobre la emoción, lo exhibe sin pudor, sabiendo que es la narración de lo real lo que le marca el pulso al entertainment, la que reemplaza a la ficción en intensidad y escala, hoy que la fantasía no le puede competir al terrorismo global en capacidad y desmesura para el daño. La realidad norteamericana se presenta pincelada en rojos y amarillos (al avance de Gustav), mientras surgen de entre las cenizas las dos Barbies viejas de Laura Bush y Cindy Mc Cain para mantener la sonrisa de Guasón aún cuando se trata de armar una colecta para que se ayude a las víctimas: luego circulan por la pasarela con sus trajecitos sastre en colores pastel y sus peinados rubios y republicanos que subrayan “la puesta” de un Hollywood que ahora transcurre en la Casa Blanca y los estudios de la CNN.

Hay un momento en que la realidad conspira para que se haga presente el amplio espectro del entretenimiento actual en una sola jornada de noticias, cuando las especulaciones de los republicanos en plena convención remiten a todas las temporadas de 24 pero el anuncio del embarazo adolescente, previo matrimonio y mayoría de edad de la hija de la barracuda Sara Palin aportan la paradoja esencial a todo ultraconservador que tan bien contara Todd Solondz en su filmografía, desde Felicidad a Palindromes. En una sola cobertura habita el indie que cuestiona los parloteos de los opositores al aborto desde Jason Reitman (La joven vida de Juno) al propio Solondz pero también las epopeyas de amenazas masivas tan afines a los films ultra nacionalistas de Roland Emmerich.

Lo real narrado por CNN o Fox News, con sus videos caseros de techos que vuelan y gente que corre por las calles, es entrecortado por esas comedias de jefes de Estado y candidatos que, con sus movimientos torpes y sus dobles discursos, generan un espectáculo más completo (la comedia y la tragedia unidas para el show de la noticia) que cierta solemnidad asociada a los daños monumentales de un huracán (o una inundación o un gas letal) que todavía priman en films como los de Emmerich e incluso en la genial 24, que lo tiene todo para dar felicidad al fan pero no comedia: no hay nada que ponga en crisis o en perspectiva irónica los ataques en una serie como la de Kiefer Sutherland.

Es cierto que la realidad (sus desastres naturales, sus exterminios seriales) colabora para que el noticiero internacional le robe la emoción a la ficción de acción y fantástica pero nada se habría hecho sin el olfato de Rupert Murdoch y Ted Turner para disputarle el territorio a las series y las películas con sus coberturas llenas de cuentas regresivas, alarmas, imágenes borrosas que anticipan la llegada pronta del monstruo, del que se ignora todo. No debe haber espectáculo más integral (entendiéndolo como un show que congrega géneros que no suelen convivir en las películas, y que se anima a ofrecer líderes grotescos para combatir el desastre en vez de los estereotípicos presidentes inmortales de la ficción reciente sobre atentados o desmanes) que la cobertura del Gustav, y no parece ser el mérito de un canal o un director de cámaras sino un fenómeno más general: el nacimiento de un nuevo lenguaje adaptado a los tiempos que corren para contar la realidad.

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