LA TOTA SANTILLÁN SEX SYMBOL
Un gordo para cada época

Daniel "La Tota" SantillánPor: Julián Gorodischer.  Extraño es el caso de Daniel La Tota Santillán: su recorrido se inicia en la conducción de Pasión tropical. Lo conocí en ese tiempo. Hace unos años, cuando nos encontramos a conversar, todavía encarnaba la fantasía de un acceso irrestricto a la televisión de gente que antes era filtrada por su origen villero. "La cumbia villera nos trajo palabras que queríamos decir todos", me dijo. Yo lo tomé como un emblema de la entrada de la villa, ya no el "barrio carenciado", a un territorio mediático que la excluía. Mientras ganaba popularidad, ayudado por su condición de "amigo de Rodrigo", por su vínculo circunstancial con Maradona, me decía: "La gente se siente identificada, y se atreve a decir más con estas letras". La Tota era garante del ingreso de la cumbia villera a la pantalla, una señal de apertura.

El personaje la Tota, de estos días, es otra cosa: sigue un carril igualmente revulsivo pero en otros términos. Lo que está en primer plano ya no es su origen social, ni su cruzada pasiva por la presencia de marginalidad en la pantalla (la llave para que ingresaran otras voces y otros rostros desde el escenario de la bailanta) sino la erotización de la gordura, que se plantea como tema cada vez que se lo hace ingresar o salir de un nuevo romance, un nuevo divorcio. El "gordo erotizado" recorre todas las posibilidades de la unión y desunión conyugal: "el amor verdadero" (convivencia prolongada con Fernanda Vives), "el duelo por la traición" de una mujer, "la tentación de ser infiel" (el verano pasado), "la vida rehecha junto a un gato" (que lo acompañaba durante las performances en Showmatch), "el flirteo" (actualmente, con Millie Stegmann).

El gordo erotizado acepta las reglas del duelo televisivo: se putea con la ex mediatizado por el chimentero de turno; y se anima a llorar porque ante todo es un varón sensible. "Díganme metrosexual", diría el tipo, elogiado en cuanto al movimiento sexy de cadera por el jurado de "Bailando por un sueño". El gordo sexy no es un machomán; nunca les levanta la voz; prefiere victimizarse si lo carean en Los profesionales con su ex mujer; renueva las acompañantes como mero factor consolador.

Todavía persiste un cierto desdén de la barra de gomazos; pese a que sus romances y flirteos ya merecen coberturas simultáneas de los programas de chismes, con la visita de la Tota a estudios; hay un eco del pasado, de cómo y de cuánto se lo cargaba por el aspecto, y eso pasa cada vez que se retoman algunos temas antiguos: el chiste sobre sus acompañantes femeninas rentadas o la delegación en él del juego del acoso (envío de flores, llamados reiterados al celular, declaraciones en público) que terminan en un protocolar rebote de Stegmann. Quizá, de los últimos "affaires" reseñados por la tele, el último (con Millie, su compañera en el staff de "Bailando…") sea el que reconecta al gordo erotizado con su pasado de 'fenómeno'/ freak', dando lugar a debates sobre "cuánto perjudica a la carrera de Millie Stegmann" la comedia con la Tota.

Igualmente sigue adelante el proceso de erotización del antes "gordo bueno" o "gordo bolú", quizá como un gran movimiento de exculpación por años de escarnio o indiferencia de parte de la TV (desde el Gordo Porcel a Palmiro Caballasca), o porque finalmente los parámetros de belleza tienden a relajarse y a incorporar nuevos fetiches a los territorios del deseo televisado. La Tota no es el único gordo espectacular que se incorpora al amor, al romance, al duelo: Mireia Gubianas, en Gorda, y Vanesa Butera, en Hairspray (las dos en la portada de Viva), así como las chicas maquilladísimaas de la tribuna de Cuestión de peso componen el equipo de los sueños que no era fácil anticipar hace unos años, cuando lo más parecido a una gorda deseable era la protagonista de la telenovela Mi bella gorda, pero la gorda terminaba sacándose la prótesis de goma espuma para consumar.

Si el gordo de los '80 podía resumirse en el gordo Porcel, habrá que concluir que esa época concebía un tipo predominante de "gordo pajero" prototípico, soez en el trato con la gatita pero reprimido un segundo antes de "meter mano", pura mirada libidinosa y amenaza de un acto que nunca se concretaría. En cambio el gordo de 2008, encarnado en la Tota, pasa a la acción, recambia sus acompañantes sin darse tiempo para estar solo, aunque termine invariablemente abandonado.… Forma parte del mercado de relaciones, es un blanco posible para los paparazzi. Ya está adentro.

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