LA "PUESTA" DEL MENSAJE PRESIDENCIAL
La cadena nacional que transgrede

Cristina Fernández de KirchnerNéstor KirchnerRaúl AlfonsínPor: Julián Gorodischer. Está cambiando la puesta en escena del mensaje presidencial. Durante las cadenas nacionales de Cristina los planos tienden a cerrarse sobre el rostro con pocos antecedentes en otros mandatarios nacionales. Los mensajes de Néstor K. reciclaron la escena clásica de la recuperación democrática. Como Alfonsín, Néstor K. prefería los atriles discretos en madera clarita, o el escritorio en el despacho de la Rosada, flanqueado por bandera preferentemente a la derecha de sí mismo. 

La puesta de Cristina transgrede la cláusula de estatismo y fijeza de la cámara; se le pautaron planos intercalados que ilustran las referencias a una estatua o una Madre de Plaza de Mayo o un funcionario, cuando son aludidos. Las cadenas de Kirchner y Alfonsín solían ser idénticas: respetaban la lectura de discursos, la pronunciación trastabillante, aunque nunca tan dificultosa como en las performances levemente extrañadas, con marcado desfasaje con lo real y sacudidas por históricas gaffes de Carlos Menem. En Youtube, se coleccionan como hits bizarros (desde la “nave a la estratósfera” hasta “la novela de Borges”, sin olvidar la “obra completa de Sócrates”). La puesta discreta de las cadenas de Menem pretendía “normalizar” aquel mar de exabruptos mediante planos medios, tomas estáticas, escenografia de bandera, escritorio y foto filial para legitimar lo que, de otro modo, habría sido un gran paso de comedia de enredos.

Las cadenas de De la Rúa marcaron el desembarco publicitario en el género “cadena nacional”, con una puesta que se utilizó así en la campaña del “Dicen que soy aburrido…” como en el anuncio del último estado de sitio: la instrucción del “cerebro” detrás de la puesta de campaña (Ramiro Agulla) era construir el personaje presidencial más actuado de la historia reciente. La pronunciación marcaba acentuaciones y énfasis que de tan intensos, por momentos, adquirían esa entonación típica de telenovelas anticuadas u obras de aficionados. La narración de sí mismo se planteaba en trazo grueso, con estereotipos de lo que un “carácter firme” debería implicar, como pisotadas enérgicas, miradas fijas a cámara y personalización de todas las decisiones anunciadas anteponiendo el pronombre “yo”. En las cadenas desde actos públicos, Cristina innova respecto de sus precursores en la elección del punto de vista desde el público hacia el mandatario. Era común en los actos de Alfonsín, Menem y Kirchner que la cámara “mirase” desde el escenario a la masa; con Cristina siempre el camarógrafo se ubica entre las butacas del Salón Dorado.

Las tomas intercaladas de hoy –se nota- están influidas por las puestas de cámara de la entrega de premios Martín Fierro, con habilidad para cazar gestos reconcentrados, aplausos de parado y murmuraciones, pero nunca bostezos o abandono de la sala. La oradora de las “cadenas que nos tocan” es, sin duda, la más espectacular, tomando el histrionismo de las divas para pedir perdón o para emocionarse, gesticulando mucho con las manos (a través de una palpación incesante de dos microfonitos), agitando la respiración e introduciendo con precisión la pausa antes del “gran anuncio”.

Por la proclamada capacidad de improvisación de la Presidenta y la frecuencia incrementada de cadenas, cada vez más la puesta borronea su protocolo original, quita tradición y solemnidad a la imagen de anteriores anuncios, suele trocar la bandera nacional por el estandarte partidario y abandona la referencia temporal de entre 7 y 12 minutos para acortarse y alargarse en el amplio espectro de la hora de duración sin establecer promedios. Durante los actos en estadios, la puesta de cámaras de Cristina tributa a la estética de Leonardo Favio: el escenario es como el ring de Gatica, escoltado por enormes banderas y se ve a la multitud un minuto después del knock out, como devorándose el estrado.

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