Susana 2013

Por Adriana Amado - @adrianacatedraa Volvieron las chicas a la tele. Ya están en tu pantalla amiga Florencia, Susana y Mariana, en orden de aparición en la programación. Pero la única que sigue causando auténtico revuelo es Susana Giménez. Desde hace veinticinco años, cada temporada despierta pasiones equivalentes entre quienes la adoran y quienes desprecian su estilo y lo que significa el programa. Como suele pasar con la crítica ilustrada, los que juzgan no son los que disfrutan de la cultura glam&pop de la televisión masiva, rubro donde vox populi no es vox Dei. Eso a pesar de que las teorías y pruebas confirman que la televisión no puede marcar vanguardia sino que consigue audiencia con aquello que nos habita. Que suele ser eso que no admitiríamos en público pero que sí podemos consagrar como éxito en la intimidad del cuarto al que dejamos entrar el televisor.

 

Las mofas e indignaciones mediáticas que despierta Susana Giménez no condicen con su éxito sostenido ni con la identificación que despierta en las televidentes y que no pueden recrear sus sucesoras. Mariana Fabbiani es demasiado flaquita para representar a la mujer argentina. Florencia es demasiado señorona para la media femenina. Susana, en cambio, sabe lo que es la lucha incesante contra el carbohidrato, que es la felicidad de las damas y la única abundancia de los pobres. Como cualquiera de las bellezas que encontramos en el tren suburbano desbordando sus robusteces en la lycra de confección nacional, Susana reconoce en cámara que su ropa es varios números más chica con la frase "No me importa porque me queda bien".

Mariana Fabbiani y Florencia de la V solo visten las mejores marcas. Susana también pero puede combinarlas con el champú que usa la señora de su casa y el labial que cualquiera podría comprarle a la revendedora de cosméticos del barrio. Ese gesto se retribuye en miles de pintalabios vendidos y comprados por señoras que a la hora del programa atienden el teléfono diciendo ¡Hola Susana! Mariana puede llevar monstruos a su sala y Florencia invitar a contar sus cuitas a los famosos en desgracia. Pero eso no garantiza la audiencia tanto como que en la televisión nadie es más Susanita que Susana.

No por acaso de todos los personajes de Quino, la vecinita rubia y conservadora de Mafalda es quien supo convertirse en un adjetivo que describe la mujer más tradicional. Susana es efectiva al apelar a la Susanita que llevamos dentro. Y aun las que nos identificamos con el arquetipo de la niña progre y rebelde, somos felices cuando nos concedemos alguna licencia susanezca. Sobre todo porque si hiciéramos el ejercicio de qué habría sido de esas chicas, seguramente Mafalda estaría haciendo paro en una escuela bonaerense, y Susanita, en cambio, sería la que, como dicen en la peluquería, echó la buena.

La antropóloga inopinada Alcira @draignata, después de comentar que le rompió el lomo a su criada Olga por usarle el plasma para ver el primer programa, reflexionó "Nada transmite más conurbano bonaerense que Susana Giménez". Y pensándolo un poco, la conductora comparte con la cultura de las barriadas populares la desmesura, el amor por los brillos y las lycras y el sueño de andar en descapotable y comprar la ropa en Miami. Comparte sobre todo la inclinación al Kitsch, ese exceso pretencioso pero irresistible para aquel que necesita sobreactuar ornamentos para reafirmar su inclusión en este mundo. Unos días después, otro Tweet-star, el papa Francisco, acrecentó la idea al aclarar que "la realidad se comprende mejor en los suburbios". En Argentina, además, es donde se forja el gusto popular y se deciden los presidentes.

Susana muestra en la tele, sin culpa ni pudor, lo que la mayoría de nosotros nunca tendremos ni llevándonos alguno de los millones que regala desde hace décadas. Nos muestra mansiones y ricos pero no para amargarnos la digestión. Es adorable que salga en los videos mucho mejor de lo que es, tal como nos gustaría salir en la filmación de los cumpleaños de quince. Es rubia rubísima en un país que se aclara el cabello en todas las clases sociales. Y se anima a mostrar a los galanes en las situaciones que vivimos todos los días, aunque escandalice a más de uno que se les asigne el papel de chofer o vendedor ambulante o limipiavidrios en el video lanzamiento de la temporada 2013. Pero su mayor acierto televisivo es la repetición cada año de lo mismo de siempre, como hacen las telenovelas que más nos gustan. Es tan tranquilizador algo de previsibilidad en un mundo que todos los días amenaza desintegrarse con alertas meteorológicos y erupciones volcánicas.

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