ACERCA DE LA LÓGICA TELEVISIVA
Ideas, sueños y pesadillas

Jorge LafauciPor: Osvaldo Bazán. No hay muchas diferencias entre los programas de chismes de Argentina y México. Brillo simulando glamour, en realidad, sangre coagulada, desesperación mediática y una desmedida sobrevaloración del pito por sobre lo que el pito realmente vale. Que en muchos casos es igual a cero. Pero así es la explotación del escándalo mediático. Claro que a veces se juegan cosas un tanto más delicadas que las peleítas de las chicas pulposas del momento.

Y esos programas no parecen ser el contexto más calmo y adecuado para hablar de ciertas cosas.

El último caso que nos mantiene en vilo estos días es el del periodista juez de Bailando Jorge Lafauci. Para los alejados del mundo del gerundio, va una breve síntesis: Jorge Lafauci es conocido y querido periodista de espectáculos de la época de Radiolandia. Adorador del cine nacional y de las grandes figuras del espectáculo, es uno de los pocos cronistas que sale por televisión a quien se puede ver en estrenos no sólo del teatro más rancio y comercial sino también de obras perdidas en el fascinante mapa porteño. Por esas cosas de los medios, hace unos años entró en el circuito de programas en los que uno termina nunca de saber bien de qué están hablando, ni por qué. Agudizando ese perfil, pero siempre con un toque “culto” para los cánones televisivos, es que accedió a una de las cuatro butacas de “juez” para los programas de la productora Ideas del Sur. Lugar que significa juzgar el desempeño de una estrella y un “soñador” (eufemismo por persona que tiene cierta habilidad en el rubro y al que le enchufan un “sueño”, esto es, el anhelo de un mundo mejor a través de la operación de cataratas de una nenita que será impúdicamente exhibida en televisión, meneada en horarios nocturnos preferiblemente con barbijo; o con la concreción de la compra de un mamógrafo para un hospital perdido en la Puna o cosas así). Lafauci se desempeñó en las cuatro versiones que hubo hasta ahora de Bailando por un sueño como juez culto y severo. Es en esa categoría que la productora Ideas del Sur lo envió a México, en donde Televisa, la madre que los parió a todos los bailando organizó el Bailando Internacional, con la participación de representantes de todos los países a los que les vendieron el formato. Ideas del Sur lo propuso y Televisa lo contrató.

Ideas del Sur, además, tiene un programa que se llama “Este es el show”, también por canal 13, el mismo canal en el que se ven los certámenes gerundio. Allí fogonean sus propios programas con detrás de la escena y “todo lo que no viste” de bailando, cantando, patinando. Para ese programa, Ideas del Sur envió –en el mismo avión en el que viajó Lafauci- al cronista Ángel de Brito a México, a cubrir las devenires ocultos tanto de la pareja que baila (Laura Fidalgo y Maxi D’Iorio) como de Jorge Lafauci.

En el aeropuerto de Panamá pasó algo y hay versiones encontradas al respecto. Hablé con Ángel y me dijo que en el aeropuerto de Panamá él le hizo una larga nota a Lafauci en donde el periodista dijo “¿Sabés dónde está la gente más fea de la tierra? En México. Son todos feos, los lindos están en la televisión, todos los demás son feos, los que están en la calle son feos”. Ante el exabrupto, Ángel me aseguró que dijo “esto hay que editarlo” dando a entender que no podía salir al aire, una manera de cuidar al colega en falta.

Asunto olvidado.

Tres semanas más tarde, esa nota, sin editado, salió al aire en el programa “Este es el show”. O sea, en un envío de la misma productora Ideas del Sur.

Nada tardaron esas declaraciones en rebotar en México, claro. Los medios mexicanos fueron concluyentes: “Idiota racista” le dijeron a Lafauci. El boxeador mexicano Jorge Kahwagi lo quiere noquear. Lafauci se deshizo en pedidos de disculpas. Primero juró -¡por la Virgen de Guadalupe, nada menos!- que no lo había dicho. Preguntó desde el DF a Buenos Aires si había dicho eso y acá le dijeron que no. Fue de invitado al programa de chismes La Oreja de Televisa y después de negar que lo hubiera dicho, le pasaron las imágenes que se habían visto acá en el programa producido por la misma empresa que lo envió a México. Se quería matar, Lafauci. Con el rostro desencajado sólo atinó a justificarse: “Debo haber estado empastillado!”

“Fue una cámara oculta”, dijo, “un comentario desafortunado sacado de contexto”. Desde acá, Ángel de Brito asegura que no, que sabía muy bien qué estaba diciendo.

Lo cierto es que la frase se convirtió en un verdadero papelón inflado por los programas de acá y de allá. Lafauci quiso renunciar a su trabajo en México, lugar que él consiguió que se convirtiese en absolutamente hostil para su persona pero Televisa hizo valer el contrato y no se lo permitió. Le vino muy bien el escándalo para agregarle picante a su certamen internacional. Todo certamen internacional parece necesitar de xenofobia y nacionalismos ridículos. Lafauci fue entregado a los leones por una frase sumamente desafortunada pero –según él- dicha en privado.

¿Qué pasó?

Que la lógica televisiva no tiene compasión.

Televisa no iba a soltar a su presa, obligándolo a agachar la cabeza cada domingo, en cada una de sus intervenciones, para alegría de los mexicanos más enfervorizados que no quieren ni oír hablar de críticas estéticas.

Ideas del Sur no pensó un segundo en qué brete metía a su enviado al mostrarlo descarnadamente.

Lafauci mismo pensó que podía luchar contra esa lógica inexorable y mantener en privado un pensamiento injustificable.

Ideas del Sur, la misma empresa que no se cansa de publicitar todos los sueños que hace cumplir, metió a uno de los suyos en una pesadilla. El rédito es el mismo. Alguien, en algún lugar, por pesadilla o por sueño, encenderá el televisor y elevará el número del rating.

No hay diferencias entre sueños y pesadillas. Habrá que entenderlo. Esta vez, la jodita fue para Jorge. De parte de Marcelo.

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