SOBRE GRAN HERMANO 2011
No somos Christian U

Christian UPor: Adriana Amado. Las explicaciones obvias son aburridas. Como esas que improvisan los que creen que  mirar un programa con impacto social los convierte automáticamente en cientistas sociales. Esta semana hubo varios que hicieron ejercicio ilegal de la sociología y no escatimaron esfuerzos para explicar el triunfo de Cristian U en Gran Hermano como parte de la decadencia moral de Occidente. Que “es un emergente de la mala educación argentina”, que “la sociedad eligió a un delincuente”, que “la gente se identificó con un violento”, y cosas por el estilo. Solo faltó relacionar al favorito indiscutible de la versión 2011 con el eje del mal, pero se salvó porque justo lo de Bin Laden fue casi en simultáneo al cierre del ciclo y no les dio tiempo. Entiendo que la analogía fácil es muy tentadora pero comparar el carácter del pibe Urrizaga con el de Guillermo Moreno, y sacar conclusiones sobre la preferencia popular por el carácter podrido, es un poco mucho.

Es cierto que la edición 2011 incluyó todos los signos de estos tiempos. Los chicos de la casa se parecían bastante a los que muestra el noticiero tomando los colegios y, como ellos, no dudaron en piquetear intensamente por lo que sostenían como derechos inalienables y no era más que champán para las fiestitas. También acá valieron más los votos no positivos que los positivos. Este año, la oposición anti Cris se las vio negras para lidiar con el fanatismo de los ultra Cris, que cada fin de semana trataban de relegitimar a su líder a través de los votos. Porque ni toda la efervescencia 2.0 y ni el protagonismo en la tele alcanzan para permanecer, aunque no haya mucho del otro lado (estoy hablando de GH, ¿está?). Por suerte para  GH, la nave insignia que el 13 tenía para pelearle el verano (“Soñando…”, “Bailando…” ¿Cómo se llamaba’), zarpó con orquesta y velada de gala, pero cual Titanic naufragó la misma noche de la partida. Pero aun así, la producción tuvo que tomarse todas las licencias patéticas que tenían a mano. Entraron y salieron participantes, entraron y salieron invitados, entraron y salieron disfraces, juegos, perro, lechuga, guitarras, noches temáticas. Por suerte, todo el tiempo tuvimos Peluffo ahí, poniéndole el pecho heróico al Twitter y el remo  incansable a esa tormenta de ideas. Nada hubiera sido lo mismo sin Mariano.

Insisto que en GH, como todo en la tele, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Don Zygmunt Bauman, el sociólogo que de verdad trató de entender el show, explica que su éxito radica no en que imita a la vida, sino que el juego es como es nuestra vida por estos días. En ambos, el descarte es un destino inevitable, que tarde o temprano le llega a todos incluso el ganador, que será olvidado inmediata e irremediablemente. En GH, como en la vida, la permanencia no depende de los méritos, de las condiciones, de lo mucho o poco que se haga, sino que se termina resolviendo porque sí. Porque en algún momento alguien se tiene que ir. Nadie tiene la estabilidad garantizada y todos los días hay que rebuscárselas para retener lo que a duras penas se consiguió. ¿Les resulta familiar? Cristian U arrasó en preferencias porque fue el único que jugaba con ese cruel destino de ser eliminado. Los otros resultaron corderitos que ni llegaron a víctimas, como fue Marianela en el GH2007. Cristian U ganó por abandono de los otros.

El mayor acierto del formato es que GH es una que sabemos todos. Por eso todos hablan de GH, especialmente los que no lo toleran. Esas interpretaciones libres que hacen del programa los que jamás lo verían, que temen daños irreversibles en la sociedad, poco tienen que ver con lo que vimos los que lo vimos. Para seguidores del show la fidelidad nos dura lo que el espectáculo. Por eso cualquier efecto colateral está ampliamente contrarrestando por el olvido. ¿Gran Hermano? ¿Cuál Gran Hermano? ¿Cristian U? ¿Quién es Cristian U?

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