EL PROTAGONISTA DE WHATEVER WORKS, DE WOODY ALLEN
A propósito de Larry David

WHATEVER WORKSPor: Julián Gorodischer.  Este fin de semana pude ver la todavía no estrenada en la Argentina Whatever Works, lo último de Woody Allen. Es un solo a la medida de Larry David, co creador de Seinfeld, brillante monologuista stand up al que su sosías Woody le entrega total libertad de movimientos. Casi –uno podría pensar- renunció a la dirección, a un estilo, reduciendo la trama a casualidades, monólogo a cámara de David, pocos escenarios, romances y situaciones inverosímiles. Nada importa: el personaje lo devora todo, se roba la película dejando a los históricos neuróticos de Allen en una zona light, pintoresca, naif. 

Vemos al verdadero monstruo de la neurosis contemporánea, a la degeneración del dubitativo e hipocondríaco que nos identificaba a todos los sujetos de los grandes centros urbanos. Este es el alter ego exacerbado, o lo que la edad (es el protagonista más anciano de la historia de Woody) hace con el trastorno de la obsesión compulsiva: durante toda la película se friega compulsivamente las manos cantándose dos veces el Feliz cumpleaños para matar adecuadamente a los gérmenes, sin que lo justifique un contexto de gripe H1N1.

La relación que mantiene Boris Yellnicoff, el personaje, con su flamante esposa notablemente menor deja ver estados de máxima crispación, megalomanía y excentricidad; alguna vez Boris fue considerado un genio de la física, que se atribuye haber estado “nominado” al premio Nobel; eso fue una vez en el pasado; unos pocos en el barrio, que todavía le hablan, se dedican a menospreciarlo. Yellnicoff es la parodia del genio auto conciente: se enclaustra obsesionado con la higiene de las manos; y es en en ese contexto que Allen le regala un romance con Melody St Anne Celestine (Evan Rachel Wood), que se le presenta mágicamente en la puerta de su casa, y pide ser adoptada; todo sucede con una artificiosidad pomposa, y no importa. Empieza a lucirse Larry David:  

Extiende los límites del humor más allá del cliché “corrosivo”; el rengo, solo, pobre, asexuado, megalómano es el extremo, el colmo, de ese modelo de ser urbano conflictuado que pocas veces encontró mejores cuerpos y rostros que el propio Woody para manifestarse en sus películas. Scarlett Johanson consiguió plasmar el arquetipo Allen (al que nos acostumbró desde Annie Hall, 1977) en una versión sofisticada y lánguida en Vicky Cristina Barcelona; el otro caso virtuoso es Larry David, que lo lleva a una zona de extremos, allí donde parece que no cabe la posibilidad de la risa. 

Viejo, rengo, solo, misántropo, despreciado, subestimado: el viejo Yellnicoff no puede establecer alianzas con sus suegros; la madre de su mujer se desmaya sólo por conocerlo; la propia doncella se desanima antes de la mitad del film y acepta a un nuevo candidato. Al nuevo arquetipo de neurótico alla Allen se le reserva sólo una diatriba imaginaria, dicha al público. Un niño pasa cerca y lo nota hablando solo. La madre lo obliga a cruzarse de vereda. 

David representa a un excluido, no al border querible de antaño. La hipocondría devino en enfermedad. Los problemas de relación históricos derivaron en una misantropía. El neurótico de nuestro imaginario colectivo nos interpela desde su destino trágico. Reclama que se mantenga un canal abierto de comunicación. El stand up encaja en ese código, y le pone la firma a la película - teatral del viejo Woody.

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