UN NUEVO MODELO DE CELEBRIDAD DE MASA
Bienvenido, Mike

Mike AmigorenaLos PellsPor: Julián Gorodischer.Me gusta que aparezca una celebridad como Mike Amigorena. El año pasado conversamos durante unos minutos, y me asombra todavía la precisión con la que pronosticó su ascenso a las grandes ligas sin fingir desinterés por los peldaños que se ocupan en el show. No lo motivan las ideas tradicionales de “lo que hay que decir” para conseguir prestigio. También me dijo (en ese momento yo, que soy snob, me quedé pasmado): “No me gusta leer”. Vaticinó sus ascensos graduales de los próximos años, se explayó más sobre el negocio que sobre el trabajo creativo. ¿Por qué hablaría de otra cosa conmigo? Quizá ahora me esté influyendo a recordar lo que conozco sobre su personaje en la tira diaria Los exitosos Pells

Prefiero entonces referirme exclusivamente al señor Pells, a su singularidad, a lo que lo vuelve extraño. El señor Pells no es un desafío menor para Mike Amigorena: no es solamente un galán atontado de buen corazón inserto en una corporación maléfica. Algo de eso hay en superficie. Pero la operación a su cargo es compleja: es el doble de un hombre muerto cuyo principal rasgo era llevar una doble vida. Cuando el original muere, el doble tiene como misión fingir a un hombre que fingía.

Su modo de atravesar la cadena de simulaciones es emplear un tono “neutro” (de efecto neutro en realidad, de habla ralentada, carente de inflexiones, sin cambios de volumen en situaciones diversas) que enrarece sus participaciones ligándolo a figuras sobrenaturales como la del zombi. El anestesiado no ataca con violencia caníbal en ráfagas; su rebelión se da a través de una propia doble vida (él también esconde un deseo voraz que se reprime y disimula ante Carla Peterson).

Actuar un fingimiento, entonces, eso que tantos otros cargaron de sobreactuación hasta dar asco a lo largo de décadas, en Amigorena es un sutil juego de espejos que devuelve a cada personaje la imagen en la que quiere mirarse, un espacio de rebote que roba centralidad gracias al don de ser receptivo.

En algún momento de nuestro encuentro, aquella vez (contexto de entrevista para Página/12) había deslizado una queja suave por quedarse sin el protagónico absoluto que estaba previsto en la primera versión El señor Pells. Luego ingresó al cartel francés Carla Peterson, garante del éxito Lalola, y Los exitosos Pells moderaron el ascenso vertiginoso.

El protagónico es suyo, de facto; cada minuto de sufrimiento de un personaje tiene que ver con el grado de aceptación, amor, fidelidad, acatamiento que les provee el Pells de Mike Amigorena. Si la quiere (Carla Peterson), si lo sigue amando (Diego Ramos), si cumplirá su pacto (Hugo Arana), si compartirá con él el éxito (Mex Urtizberea), si se quedará con la mujer que ambos pretenden (Walter Quiróz). Como un canto de sirenas: va enredando a sus congéneres para hacerlos pensar que “no importo yo, importa él”. Y así la trama coral se estructura como pirámide invertida, con Mike Amigorena en la base sosteniendo a una legión, entregando en concepto de préstamo la pelota, reservándose cada noche el pelotazo.

Entonces, Los exitosos Pells, en la figura de Mike, dejan de ser una comedia de puertas que se abren y se cierran, una versión un tanto unidimensional de la vida de los famosos y trascienden la excusa argumental. Ya no es importante, viéndolo, predecir quién va a terminar saliendo con quien (el enigma que rige a la ficción diaria). Más impactante es sentir un corazón que late, un hombre que desea, o que pone límites a su amo por convicciones personales. El gran simulador que se le asignó lo encuentra con los poros bien abiertos, permeable al mundo, infiltrando en la ficción de la TV sentimientos “nuevos” como la vacilación, la contrariedad, el miedo….

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