Por: Luis Majul. El escenario político está convulsionado. Tanto, que sectores que antes señalaban a Maurico Macri como el gran candidato de la derecha conservadora hoy lo empiezan a vislumbrar como un freno para evitar que Cristina Kirchner sea reelecta y su futuro gobierno se radicalice todavía más, coartando las libertades básicas en nombre de la profundización del modelo. Lo están diciendo, por lo bajo, Ernesto Sanz, aunque el senador no está dispuesto a abandonar la Unión Cívica Radical. Y también Elisa Carrió, aunque todavía, la diputada, con el jefe de Gobierno de la Ciudad, tiene un problema personal, casi de piel. Como si aún pensara que Mauricio tiene más que ver con su padre, Francisco, que con Gabriela Michetti, a quien quiere y respeta. Como si el rechazo pesara más que su buen vínculo con Federico Pinedo, quien la convenció de estampar la firma en el durísimo documento a favor de las libertades básicas que suscribieron, además de Macri y Carrió, Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín, Sanz y Francisco De Narváez, entre otras figuras políticas.
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