dos caras

Por Juan Terranova. Lunes. ¿Un flagelo? El flagelo de la ingenuidad. Todos somos víctimas. Ingenuidad, madre mala y grande. Por Twitter, Crespi me cita a Sartre y la “odiosa extorsión de la inocencia.” En la selva, el soldado japonés mantiene funcionando en el mecanismo del rifle cuando la culata de madera ya se pudrió hace años.

 

Martes. Ayer estaba corrigiendo las galeras de El crítico como personaje y de golpe tuve la necesidad de ir a Mercado Libre y comprar algunos libros de Sainte Beauve. Tomé el impulso con cierta alegría, aunque no dejó de llamarme un poco la atención. A la tarde fui a buscar Mis venenos. Hoy que no trabajaba estuve leyendo en la cama, después de despertarme. Parece que una vez Henrik Ibsen escribió “To live is to war with trolls.” ¿Sainte-Beuve era el troll o su enemigo? El veneno diluido también sirve para curar.

Martes, más tarde. Obama nos trae la noticia de atentados que siguen la sucesión de Fibonacci. Igual, todo el día perdido en no sé bien qué. Aunque encontré las hermanas de Cornelis de Vos en la web. Cómo nos pesan todavía los miles de años que el hombre se dedicó a pintar sobre superficies planas. Me gustaría poner a esas hermanas en la tapa de uno de mis libros. O alguna obra de De Vos.

Miércoles. Me entero por Facebook que ayer murió Jorge Ariel Madrazo. ¿Quién era? Tradujo a Jack London, se sacó una foto con Cortázar, escribió una breve historia del bolero y también un montón de poesía anodina. Lo traté en una festival de no sé que hace mil años. Ya estaba viejo y se ve que había caminado bastante el mundo pero no como para resignarse, lo cual le daba un aire de ingenuidad y de bondad. Me acuerdo que me dio un consejo que sirve: “A las editoriales independientes hay que agarrarlas cuando empiezan, después cuando se les va el entusiasmo y se dan cuenta de que pierden guita no te publican.” El velatorio fue en Internet. Lo seguí a medias. No daba para mucho más.

Más tarde. El coro, en Grecia o en el Mississippi, siempre es dramático. ¿Y Facebook? No sé. Quizás el siglo XXI haya inventado el coro indiferente. Cantemos todos “me gusta” y luego el Señor dirá.

Medianoche. Más tarde. Estaba mal la cita de Ibsen. Estos son los versos, más complejos y bellos, aunque menos sintéticos: “To live is—with all your wit/ And your heart, to fight the troll.” Leo la frase en Internet y en el siglo XXI donde ya tiene otro sentido. O quizás no tanto. Pero en esta versión, no hay guerra.

Jueves, más tarde. ¿Dónde andará el malevo César Aira? ¿Ya lo habrán ingresado en el geriátrico donde morirá sonriendo? En la Plaza de Flores, jugando a las bochas con aire, el viejo César hará su homenaje silencioso a John Cage mientras espera la muerte. Leo que en Japón hay un bosque de suicidas. ¿Cómo funciona? Vas ahí y te suicidás. Tiene de 50 a 100 muertes al año.

Jueves, más tarde. Lacan, El seminario Libro 1 (1953-54): Los escritos técnicos de Freud: "¿Deberíamos impulsar la intervención psicoanalítica hasta entablar diálogos fundamentales sobre la valentía y la justicia, siguiendo así la gran tradición dialéctica? (...) A decir verdad, el hombre contemporáneo se ha vuelto singularmente poco hábil para abordar estos grandes temas. Prefiere resolver las cosas en términos de conducta, adaptación, moral de grupo y otras pamplinas.” Otra cita: “Me refuerzo en mi antigua convicción de que hoy, con la costumbre de leer mucho y sin criterio, no tiene sentido publicar, salvo para mejorar el sueldo mediante un nombramiento.” Esta es de Martin Heidegger, septiembre de 1928. Sí, 1928. Hace casi cien años. O sea que el gesto del cual nos quejamos es parte de la modernidad. El bosque de los suicidas en japón se llama Aokigahara. Joven escritor, haga el paseo y vuelva renovado.

Viernes. La muerte y la pequeña muerte. La droga y la pequeña droga. Redes sociales, la pequeña droga. No se puede subir. Un titular: “Estaban de caza, confundió a su amigo con un chancho del monte y lo mató de un disparo.” Otro: “This rare albino kangaroo just wants a hug.” Y un titular de Martin Heidegger, circa 1938: “Nietzsche hat mich kaputtgemacht!” O sea “¡Nietzsche me ha arruinado!” No creo que lo dijera como lo lee un hegeliano del siglo XXI, con esa idea de ruina. Así que el viejo Martin también podía auto-ironizarse, seguro con un poco de amargura, pero a esta altura, qué más da. Mi hija: “Papá, ¿qué significa criterio?” Intenté explicarle con ejemplos. Tuve, como era de esperarse, un éxito moderado.

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