/Por: Juan Terranova. Lunes. Ya está, estoy libre. ¿De verdad? Así parece. Puedo empezar una nueva novela, un nuevo proyecto, puedo imaginar sin cuentas pendientes. Y sin embargo, qué tedio. El calor no ayuda. Empiezo a componer, a planear. Zombies, política, peronismo, fin del periodismo, aguafuertes, androides, suicidas. ¿Qué más? No hay caso. Ni siquiera voy a conseguir buen dinero, me darán un dinero pobre, doméstico, por este artefacto que intentará ser al mismo tiempo complejo y cristalino, punzante y agradable. De golpe comprendo que hoy, ahora, no quiero, no siento deseos de empezar a esculpir otra pieza autónoma, y sí me dan ganas de jugar con los restos, con las astillas que caen del trabajo de los otros. “El novelista que no novela” sería el síndrome. No pasará por primera vez en la Argentina ni en ningún lado. El novelista cansado, el tonto, el creador hastiado, el que pese a todo no puede dejar de escribir.
|