MÁS ALLÁ DEL MANUAL |
| Periodistas más críticos, se necesitan |
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Hace poco critiqué una cierta práctica del periodismo, esa de buscar en cada episodio internacional a algún argentino y darle relevancia aun cuando su participación en el hecho sea más que dudosa o lateral. En el blog de Darío Gallo, editor de la revista Noticias, se me contestó con desdén y prontitud que si yo decía semejante tontería era justamente porque no era periodista. La idea básica era que los periodistas sabían qué era lo que el lector quería y que ellos estaban ahí para dárselos. La diatriba finalizaba con la el reaccionario lamento: “Ay, ay, estos intelectuales...”.
Todo lo que pienso mal sobre el periodismo está en esas líneas a las que, por lo menos, les agradezco la transparencia. Además del antiintelectualismo recalcitrante, se evidencia en ellas una de las carencias básicas de la profesión que es la falta de cuestionamiento de sus propios supuestos. Tanto el post como los comments remarcaban que la caza del argentino estaba en las primeras páginas del Manual del Periodista y que eso resolvía la cuestión; a ninguno se le pasó por la cabeza la idea de discutir el Manual. Por ejemplo, cuando Gallo dice que los periodistas saben qué es lo que los lectores quieren elude dos cosas. La primera es que semejante arrogancia no tiene ningún sustento: “lo que los lectores quieren” es una abstracción que puede ser variable y que además está fuertemente condicionada por “lo que los lectores reciben como oferta”, un universo habitualmente pobre. La segunda es que esa frase presupone que al lector hay que darle lo que el lector quiere y no otra cosa. Defiende así un periodismo que sigue a los lectores desde atrás en vez de adelantarse a sus expectativas, que limita su agenda a determinados temas, que no abre puertas ni perspectivas, que carece de ideas propias y de fuerza para cambiar el rumbo de las cosas.
En fin, admitido que no pertenezco al gremio (ojo, la torta ya es historia, no tiene devolución) saludo a los periodistas en su día y, más que hacerles un regalo o palmearles la espalda, les ofrezco un consejo. No desdeñen las opiniones, las discusiones, los argumentos; no dejen de cuestionarse lo que hacen: no se complazcan en una práctica institucionalizada y burocrática. Sigan siendo periodistas pero sean más críticos.
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Por: Gustavo Noriega. Si cualquier persona honesta se siente un impostor dos o tres veces por día, a mí la cosa se me agrava el Día del Periodista. Recibo regalos y felicitaciones con agradecimiento y una sensación de incomodidad (que no me impidió deglutirme la excelente torta que me mandó el INCAA). En fin, que vivo en un mundo de periodistas sin serlo y que el día en que se los alaba (a diferencia de los 364 restantes del año, en que se los ataca) recibo algunos de sus beneficios. Mis ocupaciones laborales se resumen así: llevo adelante una revista de crítica de cine; opino sobre cine y televisión en Espíritu crítico, el programa matinal de radio de Luis Majul; escribo sobre los medios y el cine en hipercritico.com y opino sobre la televisión en Duro de domar. Lo que hago es, básicamente, opinar, algo que está peor visto que… el periodismo. 
