Libros y Lecturas

Sábado. De madrugada salgo en auto hacia Mar del Plata. Llegamos a las nueve de la mañana y recorremos la ciudad. Me hospedo con Carmelo en el Hotel Gran Manila de Avenida Luro y Corrientes. A las dos y media, presento en el marco de las Feria de Invierno, El matemático nocturno, la novela de Jorge Chiesa. También está Sebastián Chilano en la mesa. ¿Qué le pedimos a la novela hoy? En otra época se discutía mucho la forma, los temas, la composición de personajes, la responsabilidad de la novela como género. Hoy no. Pero eso no quiere decir que no haya una demanda del lector a la novela actual. Hice una primera lista. ¿Qué le pedimos a la novela hoy?

Lunes. Nuestras primeras lecturas de niñez y adolescencia son importantes. Todos tenemos un libro que nos marca en la infancia y una serie de libros, una pequeña biblioteca, que también nos marca en la adolescencia. En general, esa breve biblioteca está dividida en dos. Una primera adolescencia donde la lectura es todavía exploratoria y una segunda parte donde ya somos más grandes y nos dedicamos a profundizar y expandir lo que nos gusta leer. Volver a Hemingway para mí es volver a ese momento de lectura más puntual y algo febril. Por lo general, tendemos a mezclar estas etapas, que describo de forma esquemática. También subestimamos esas primeras impresiones y esos recorridos y los olvidamos o deformamos.

Jueves. Visita a la Biblioteca Nacional con Robles. Pasamos a ver a Roberto Arno. Hablamos de los inicios de Internet para una investigación de Robles. Después recorrimos la muestra Bestiario nacional, criaturas del imaginario argentino y tomamos un café en la plaza del lector. Examinamos el dualismo, bien y mal, y discutimos a Platón. Robles estudió filosofía y necesariamente sabe más de filosofía que yo. Pero defiende a Platón y a mí me toca atacarlo. Para eso recurro a Aristóteles, que me gusta más, es más pragmático, no lo gravita la afectación socrática. Después él me da una breve clase sobre La ciencia de la lógica. Al rato nos vamos al Cabildo y vemos una exposición de Ral Veroni. Almorzamos en una fonda enfrente del Nacional Buenos Aires.

Jueves 25 de mayo. Los revolucionarios de mayo, nuestros padres, todavía nos esperan en el futuro. Seamos dignos hijos de esta tierra y de esa revolución.

 

Lunes. Durante mi estadía en las Shetland del sur trabajé a conciencia para responder, de forma más detallada posible, qué se comía y por qué en la Antártida argentina. Pero luego no hice nada. Tengo fotos de platos, recetas, ingredientes, anotaciones de todo tipo sobre el trabajo de cocinero y ayudantes, sobre cómo se preparaba la cena y el almuerzo, sobre cómo se guardaban y cuidaban los víveres. ¿Voy a hacer una nota? También tengo que terminar mi pieza sobre Carlos Astrada el sur del sur. Metafísica y gastronomía, entonces, esperando al escriba. ¿Por qué no pedir ayuda a una inteligencia artificial? En ese caso sería Esperando a robot.

Lunes. Ordeno mi semana: imprimir fotos, corregir diario, rechazar invitaciones. (Para escribir hay que quedarse en casa. No se puede salir y escribir. Pero al mismo tiempo, escribo todo mal. ¿Por qué? ¿Por qué odias mis trenes, señor?)

Viernes. En bicicleta hasta la casa de Robles. Tomamos un café y después almorzamos. Somos amigos y nos vamos haciendo viejos hablando de libros y de Internet. Es una de las formas de la felicidad que conozco.

Lunes. Sigo leyendo a Jules Renard. El diario incluye al menos dos descripciones, la fundación de una revista literaria y un banquete de artistas, que no envejecieron.

Lunes. Primer lunes en la ciudad. Retomo actividades y lecturas justo donde las dejé. Me sorprende esa disciplina. ¿Qué traje de allá? Fotos, video, notas, audios de los cual pacientemente extraeré un libro, o dos, y algunas imágenes, o varias.

Los buzos fueron a limpiar el lugar donde se había estado bajando la carga del Irizar, sobre todo combustible. y subiendo basura y material científico. Los acompañé y más allá, a la altura del incinerador, había un grupo de personas. Me fui acercando y vi que fotografiaban un pingüino quieto y gordo. Según Mara, la técnica de aves del Instituto, es la primera vez que se ve un pingüino emperador en Carlini. No es un ave de acá, dice. El pingüino apenas se mueve, hipnótico y rígido.